Hombre en llamas

Hombre en llamas
Hombre en llamas. Orozco, J.C. Algunos críticos interpretan el mural como una glorificación de los cuatro elementos, otros ven en cada una de las figuras una simbología inherente al hombre mismo: el hombre teológico (que simboliza la tierra), el cual despierta en el mundo y convierte en dioses los fenómenos naturales que no comprende; el hombre metafísico (que simboliza el viento), el cual empieza a tener conciencia, reflexionando sobre la realidad del mundo; el hombre científico (que simboliza el agua), el cual analiza los fenómenos, los objetos, penetrando con su razón en sus esencias. Finalmente el hombre de fuego que debería simbolizar a Prometeo, el que rebelándose a los dioses entregó a los hombres la chispa del fuego, la cual representa al mismo tiempo la razón y la libertad. Así el hombre, ya libre, crea las artes en su constante lucha de superación; el hombre hecho fuego de pasiones, de anhelos de conquistas, pero sobre todo dueño de su vida, de su destino y de sus decisiones.

sábado, 5 de abril de 2014

Marcha de la muerte


LA BANCA. QUIEN LA BANCA ?

La banca







 Por Alfredo Zaiat P12

El efecto inmediato de una devaluación brusca es un aumento acelerado de precios y una transferencia de ingresos a grandes atesoradores de dólares y exportadores. El shock del primer trimestre del año es una prueba contundente de que el mercado cambiario es una de las principales fuentes de las tensiones inflacionarias en la economía argentina. El sonoro silencio en estos meses del nutrido grupo de economistas ortodoxos y heterodoxos conservadores es sugestivo. Dejaron de mencionar a la emisión y al gasto público como responsables de la inflación. ¿No será que esos dos motivos no han impulsado el alza de precios en estos años? La respuesta negativa no la pueden considerar porque se les derrumbaría su línea teórica argumental. Se enfrentarían a un conflicto existencial. Nunca dejarán que la realidad los distraiga de sus certezas.
Además del fuerte aumento de precios que provoca una pérdida del poder adquisitivo de los sectores con ingresos fijos hasta que pueden recuperarlo con aumentos posteriores (paritarias, aumento de jubilaciones y asignación universal), algunos sectores económicos obtienen una ganancia extraordinaria por la devaluación. El beneficio a los exportadores del complejo agrario es conocido porque con una paridad cambiaria más elevada reciben más pesos por los mismos despachos al exterior. La retención de cosecha sin vender equivalente a 4000 millones de dólares tuvo una valoración adicional de 8000 millones de pesos por el salto que describió el tipo de cambio. Este es el cálculo conservador porque si se considera que la cosecha 2013 fue casi 15 por ciento superior a la anterior, el sector no ingresó por lo menos 8000 millones de dólares, que eleva a 16 mil millones de pesos la renta extraordinaria por la devaluación. Pese a esa ganancia sus voceros mediáticos ya están adelantando que quieren una segunda vuelta devaluatoria en el segundo semestre. Si bien no hay inmunidad, existe un antídoto fresco por los costos socioeconómicos de la última devaluación.
Esa sustancial mejora patrimonial obtenida por una medida cambiaria es la cuantificación de lo que se menciona como transferencia de ingreso regresiva debido a una devaluación. Otro sector que ha contabilizado una renta adicional es el integrado por los grandes atesoradores de dólares, que no son pocos. Aumentaron el poder adquisitivo medido en pesos de sus ahorros en dólares, obteniendo un importante efecto riqueza. Existe otra actividad que ha registrado una ganancia extraordinaria por la última devaluación: el sistema financiero.
La utilidad de enero pasado es abrumadora: 10.149 millones de pesos. La de un mes ha sido un tercio de la contabilizada en el último año y casi igual a la de todo 2010.
La sobrevida de la banca es asombrosa, como queda en evidencia a nivel internacional luego de la debacle de 2008. En Argentina, luego del corralito que generó un repudio social masivo hacia los bancos, el sistema ha tenido una recuperación notable. El recorrido de la evolución de las ganancias anuales después del pago del Impuesto a las Ganancias revela el desempeño extraordinario que ha tenido la banca. Después de tres años con quebrantos (2002-2004), anotaron los siguientes saldos positivos, en millones de pesos:
Como se mencionó, en enero de este año la ganancia contable fue de 10.149 millones de pesos.
Para alcanzar semejante resultado en apenas un mes los bancos tuvieron que acumular sumas importantes de dólares y activos dolarizados, cuando el grueso del flujo de negocios habitual de depósitos y préstamos lo tienen pesificado. Los bancos fueron acumulando activos dolarizados y la estrategia para valorizarlos fue especular con una devaluación. Fue lo que hicieron hasta conseguirla. La resistencia del Gobierno fue vencida de ese modo luego de 78 meses de corrida permanente, y el logro relativo del equipo económico en ese escenario desfavorable fue poder clavar la paridad en 8 pesos, cuando la presión de un grupo de bancos era subirlo primero a 10 pesos y luego a 14 pesos. En un par de dependencias de la administración central observaron en esos días turbulentos una participación muy entusiasta de los bancos Macro, Citi, HSBC y BBVA Francés para obligar a esa megadevaluación. Luego de evitarla, pero sin poder eludir un fuerte ajuste cambiario, recién a comienzos de febrero el Banco Central obligó a desdolarizar la cartera de las entidades, al restablecer el límite para la Posición Global Neta (PGN) positiva de moneda extranjera que deben verificar las entidades (Comunicación “A” 5536), en un monto equivalente a 30 por ciento de la Responsabilidad Patrimonial Computable (RPC) del mes anterior o los recursos propios líquidos de dicho mes, lo que fuere menor. Introdujo también un nuevo límite para la posición a término positiva de moneda extranjera de los bancos en un nivel igual al menor valor entre 10 por ciento de la RPC y de los recursos propios líquidos del mes anterior.
En esta misma columna (“Datos duros”, 15 de marzo pasado) se detalló el comportamiento de un sector productivo clave en la provisión de divisas: los exportadores de soja y cereales. Este fue un sector que motorizó la devaluación con la desaceleración de la liquidación de dólares. Mientras, los bancos fueron acumulando activos dolarizados para desplegar sus herramientas especulativas para forzar el ajuste cambiario. Esa conducta quedó ahora reflejada en sus balances que difunde en forma consolidada el Banco Central.
El shock inflacionario junto a las rentas extraordinarias de bancos y del complejo exportador agrario debería inducir a una mayor prudencia a promotores de la devaluación, que tienen el privilegio de ser la voz dominante en el debate económico.
El Informe sobre Bancos de enero pasado es un aporte esclarecedor para corroborar en términos cuantitativos el fabuloso beneficio que significó para las entidades financieras la devaluación. En la categoría “Diferencia de cotización” en el cuadro de resultado se anota una ganancia de 9737 millones de pesos, cuando en enero de 2013 había sido de 427 millones de pesos. La aceleración del ajuste de la paridad en los meses anteriores ya había elevado la utilidad en ese renglón del balance, al contabilizar en noviembre 1492 millones de pesos y en diciembre 2538 millones. O sea, en el período noviembre-enero la ganancia total de los bancos ascendió a 13.767 millones de pesos por la devaluación.
En la presentación del Informe sobre Bancos, el BCRA no hace mención al impacto de la devaluación en el balance de las entidades. Señala en su primer párrafo que “la actividad bancaria tuvo un desempeño moderado en el inicio de 2014, en línea con los factores estacionales que caracterizan al período estival”, indulgente definición para un enero que tuvo un evento cambiario perturbador de la estabilidad económica.
El ciclo político del kirchnerismo ha avanzado en varios frentes en materia de regulación, control e incluso desplazamiento de operadores privados por el Estado en áreas clave de la economía, como en el petrolero con la estatización de YPF. En el financiero se destacó la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, que fue un cambio sustancial en el ordenamiento del sistema y para la recuperación de manos de los privados de un organismo clave de la gestión económica. Está pendiente una regulación y control más intenso sobre la banca para, si bien es imposible anular los movimientos especulativos, minimizar el factor perturbador de su accionar en el mercado.
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NOTA DE INDIGNACCION   ¿por qué insisten en gravar  con impuesto a las ganancias a los salarios cuando no se ha gravado la renta financiera y los bancos son los grandes ganadores antes, durante y después de la devaluación monetaria ?
QUIEN BANCA A LA BANCA ????? PARA QUIÉN SE GOBIERNA ????????


NUEVA FASE DE LA CRISIS MUNDIAL

Devaluaciones en los “mercados emergentes”

Juan Chingo
Número 7 , marzo 2014. IdZ
La fuerte devaluación Argentina que impactó a los mercados latinoamericanos y mundiales, aunque ha sido la más pronunciada, no es un caso aislado. Mientras el peso argentino se hundió un 23 % en enero, otros países más grandes de la periferia como Brasil, Turquía, Sudáfrica, Rusia, India (sin nombrar los eslabones débiles de Venezuela y Ucrania, este último en el medio de un caos político y social que lo aproxima a un default) están sufriendo una acelerada desvalorización de sus monedas y una incesante fuga de capitales.
Turquía es un caso paradigmático. La historia de un Tigre Otomano de 80 millones de habitantes se está desvaneciendo rápidamente. Desde 2002 en adelante se benefició del fuerte crecimiento de la economía internacional y de un fuerte flujo de Inversión Extranjera Directa (IED) atraídos por el acceso de Turquía a los mercados de la UE, así como también por su potencial como centro de exportación a Medio Oriente. Pero su modelo de crecimiento alcanzó el agotamiento en 2007. El boom de consumo que siguió ha sido impulsado por el flujo de dinero caliente, parecido a las burbujas anteriores en Irlanda y España. En los últimos meses, su moneda es la de peor desempeño en el mundo –solo detrás del peso argentino– después de que una prueba anticorrupción contra el gobierno desatara una espiral de crisis política, obligando a tres ministros a dimitir. Pero si Argentina y Turquía son los casos más extremos, el hecho de que las acciones, los bonos y las monedas de numerosos países semicoloniales y dependientes –los llamados Mercados Emergentes (ME) usando la jerga económica de la prensa burguesa– sufrieron duros golpes, es expresión de que un gran número de estos países está teniendo problemas para adaptarse a un crecimiento mundial más débil, agravado en los últimos meses por la disminución del “narcótico estimulador” de la flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés) decidido por la FED. Este nuevo panorama ya había provocado el año pasado un retiro de fondos de los inversionistas de mercados emergentes después de las primeras convulsiones en estos mercados en mayo. Los acontecimientos de principios de año podrían estar marcando un salto en la crisis de estos países de imprevisibles consecuencias.
Aunque por momentos pareciera sostenerse una frágil calma, la última época de la crisis de ME, desde México en 1994 a Asia en 1997 y Rusia y Brasil en 1998, la historia contenía muchos capítulos en los que lo peor parecía haber pasado, sólo para que cada ola que siguió se demostrara finalmente más destructiva que la anterior, llegando en ese año a golpear a los países centrales y requerir una fuerte acción de la FED.

La sobreacumulación y sobre-especulación, las fuerzas de fondo que preanuncian una gran crisis
La sobreacumulación en determinadas ramas de producción, en especial en el sector manufacturero chino y del resto de Asia a la vez que en el sector productor de materias primas a nivel global, el excesivo flujo de capitales y las burbujas financieras, de crédito al consumo e inmobiliarias que dieron origen, son las razones de fondo que preanuncian una fuerte crisis en los llamados países emergentes, cuando comienzan a revertirse los factores que permitieron el ascenso de estos.
Comencemos por lo más evidente y volátil: aproximadamente 4 billones de dólares de fondos extranjeros han invertido en mercados emergentes desde el pico de la crisis financiera de 2008-2009. Gran parte de este “dinero caliente” fue a bonos, acciones e instrumentos líquidos que se pueden vender rápidamente. En este marco, el tema de los préstamos soberanos y corporativos en deuda denominados en dólares (y en euros y yenes) se ha convertido en un problema crítico. Más de cinco años de un exceso de liquidez global sin precedentes impulsaron un auge histórico en los préstamos denominados en dólares. El mercado asumía como constante la devaluación del dólar y la apreciación de la moneda de los llamados países emergentes (Argentina por su rol de paria en el mercado de capitales no participó de esta tendencia, aunque sí de algunas otras que vamos a enumerar), dando lugar a una especulación sin límites de productos de deuda de los países emergentes cada vez más riesgosos, como fue el caso de lo subprime en Estados Unidos y que actuó como desencadenante de la crisis en 2007. Pero detrás de esta tendencia especulativa y orgía de deuda se venía desarrollando una fuerte tendencia a la sobreacumulación en la economía real. Los altos precios de las materias primas llevaron a un frenesí en la inversión del sector. El pico de la crisis en 2008 produjo una pausa, pero continuó en los tres años siguientes, sostenidos por el fuerte crecimiento chino.
Enormes cantidades de capital se vertieron en proyectos de alto riesgo. El gran riesgo para los países productores es no solo la reducción de los ingresos debido a los precios de las materias primas, más bajos, sino más gravemente el estallido de esta burbuja de inversión. Una muestra es la economía de Australia –aunque este es un país imperialista avanzado sus resultados económicos han sido notables si se los compara con los de las economías más avanzadas impulsados por el sector minero como motor de crecimiento– que se encamina a una caída debido a la explosión de su burbuja de inversión minera.
Muchas economías de África podrían verse afectadas este año. Ha habido una fiebre del oro en África. Las grandes empresas mineras han estado vertiendo dinero. A medida que el dinero se detiene, podría haber consecuencias graves. Muchas economías africanas han construido su base de costos suponiendo nuevas entradas de capital. Será difícil adecuarse a su ausencia. No menos importante es el histórico –y aun en curso– auge de la capacidad de fabricación en China y en toda Asia. Esto ha creado un exceso de capacidad y el aumento de presión en los precios de muchos productos manufacturados, una situación que solo empeoró por la agresiva devaluación de la moneda de Japón.
Este dilema, con paralelos con las economías de los productores de materias primas, se vuelve especialmente problemático debido a la enorme acumulación de deuda en los últimos años. Si bien este es un problema grave para toda la región, se ha convertido en un problema acuciante en China. Hace un mes creció en los mercados la inquietud por las crecientes tensiones en los mercados de créditos chinos y los fuertes temores por el denominado sistema bancario en la sombra.
La enorme inversión y los flujos de “dinero caliente” se manifiestan en el crecimiento de varios billones de dólares de las reservas internacionales de los bancos centrales de los “países emergentes”. Este flujo de liquidez y especulación externo ha creado una dependencia sistemática de los flujos de capitales externos. A la vez, las burbujas prolongadas han inflado las expectativas sociales, como se ha visto en Brasil, China, Sudáfrica, Turquía y otros países por nombrar los procesos más importantes.
Todos estos procesos hoy en día se encuentran en un punto de inflexión. Hoy, muchas de las economías de los mercados emergentes se enfrentan exactamente a lo contrario: aumento de las fuerzas deflacionarias para las mercancías que se venden en los mercados mundiales.
La caída de precios, especialmente en todo el complejo commodities, viene presionando a las monedas nacionales. Esto se convirtió en un importante riesgo sistémico después de los enormes flujos especulativos que llegaron a la espera de las monedas pujantes, mercados de valores atractivos y oportunidades de negocios. El auge de los commodities permitió alimentar booms económicos generales y sostenidos. A su vez, la expansión global de las cadenas de producción de las corporaciones multinacionales, que pegó un salto en las últimas décadas inflando al comercio mundial, está perdiendo velocidad. Ahora, las burbujas están comenzando a desinflarse, y los capitales están buscando vías de salida. Y, a medida que la reserva global de las finanzas especulativas revierte el curso, la escala de desajuste económico y el deterioro del sistema financiero comienzan a verse más claramente. En otras palabras, son estos desequilibrios productivos y financieros excesivos que afectan a los mercados emergentes los que están detrás del fin de su espejismo y no meramente la decisión de la FED de reducir a partir de enero su inyección de dinero. En realidad, el “FED tapering” (reducción del programa de flexibilización cuantitativa de la FED) es un mero catalizador de problemas más profundos de gran parte de la economía internacional como los señalados, aunque obviamente su manejo por las autoridades monetarias norteamericanas puede tener consecuencias en los ritmos y formas de la crisis. De alguna manera, la necesidad de la FED de poner un cierto límite a la burbuja de la bolsa y de otros activos en especial en EE. UU., actúa como disparador y está abriendo consecuencias negativas para la economía mundial. Es que este exceso de euforia que llevó a muchos a creerse el cuento del desacople pero al revés, es decir, que las economías centrales tirarían el crecimiento de los “mercados emergentes”, tiene menos fundamento que la versión primera de esta “teoría” que se basó en el fuerte crecimiento de China en los últimos años y que actuó como contratendencia a la fuerte caída de la economía mundial que siguió a la bancarrota de Lehman, en especial en los países centrales. La nueva versión del desacople está construido sobre pilares de barro, en otras palabras la desenfrenada especulación alcista no se condice para nada en relación con EE. UU. con una economía que languidece, el empleo sigue débil y sin visos de recuperación, las empresas no invierten, mientras Europa está estancada y posiblemente dirigiéndose hacia la deflación, a la vez que la política del banco central japonés de inyección de dinero –similar y en mayor cantidad que el QE de EE. UU.– está fallando para estimular la economía real de Japón y encaminándose a su cuarta caída recesiva desde 2008.

Un nuevo capítulo de la crisis mundial de consecuencias aún inciertas
Desde el comienzo de la crisis mundial en 2007, a pesar de las desigualdades de crecimiento después del primer shock entre los países de la periferia y el centro ya nombrados, siempre nos negamos a avalar la teoría del desacople. Así, en julio de 2012 frente a los primeros síntomas de agotamiento del crecimiento del modelo chino anticipábamos que el siguiente capítulo de la crisis próximo a abrirse iba a ser los países semicoloniales y dependientes. Decíamos: “Analizando a China, el ‘emergente’ por excelencia, queda claro que no hay nada más falso que un posible desacople de estas economías (dependientes como China o semicoloniales) de la crisis mundial.
Lo que ha sucedido es que la transmisión de la crisis de las economías avanzadas a éstos se ha postergado. Dicho de otra manera, la estabilidad relativa actual de la que gozan estos regímenes comparada con la crisis económica y debilidad política de los países centrales, no nos debe impedir ver que esta es una tendencia coyuntural, una discordancia de los tiempos de la crisis. Ya en la crisis de acumulación capitalista de la década de 1970 se había dado un fenómeno similar.
En ese momento fue el reciclaje de los petrodólares lo que evitó que la primera gran crisis capitalista desde el fin del boom de la posguerra golpeara inmediatamente a la periferia, dando lugar a un período de ‘plata dulce’… ahora, el fin del dinero fácil y los nubarrones del motor de crecimiento chino marcan un rudo cambio de escenario para los países semicoloniales exportadores de materias primas”1. El balance gris del año 2013 para las “economías emergentes”, la aceleración de enero 2014 y las oscuras perspectivas que se vislumbran en todo el año para estos países confirman este pronóstico.
Viendo las fuerzas subyacentes a la crisis, el estallido final de la burbuja de los mercados emergentes, puede provocar otra crisis que es similar (aunque no idéntica) a la crisis financiera asiática de 1997, y hay una gran posibilidad de que esta será aún peor, esta vez debido al hecho de que más países están involucrados (América Latina, China y el sudeste asiático y África), y debido a que la economía mundial está en un estado mucho más débil de lo que era durante los pujantes finales de la década de 1990. Si la existencia de sistemas de cambio flexibles a la vez que la existencia de fuertes reservas en muchos de ellos, conjuntamente con el hecho que a diferencia de los ’90 estos países no están endeudados en moneda extranjera podrían llegar a evitar una mezcla de crack económico, bancarrotas bancarias y crisis financieras como fue el caso de la crisis de 1997/8, las medidas monetarias duras y los ajustes que se están aplicando ya están provocando una fuerte sequía crediticia (credit crunch) domestica, que puede ser la forma que adquiera la actual crisis en los ME, afectando fuertemente su crecimiento por años. Pero este escenario más “benigno” (soft landing) podría desbaratarse si China deprecia significativamente su moneda para impulsar las exportaciones (lo que no es el caso por ahora, pero no puede descartarse si se profundiza la crisis ahí), lo que provocaría que muchas economías emergentes pueden ver sus monedas colapsar por completo.
¿Y qué perspectivas hay para los países centrales? Junto a los efectos directos del fin del espejismo de los mercados emergentes en los países centrales, en particular a los países fabricantes de máquinas, herramientas o de productos suntuarios, un cambio en la percepción de los activos de riesgo podría generar nuevos episodios ampliados de la crisis financiera. Un gran punto de vulnerabilidad es que mientras los gobiernos de ME se beneficiaron de los préstamos en moneda local como dijimos, los inversores extranjeros cargan ahora una exposición de riesgo sin precedentes. Es que, a diferencia de las anteriores crisis de los ME en la cual los inversores extranjeros sobrellevaban sólo el riesgo de crédito de deuda en moneda extranjera, ahora al estar endeudados en moneda local tienen que soportar un riesgo monetario y de convertibilidad, junto con un alto grado de riesgo de duración del tipo de interés.
En conjunto, estos elementos apuntan a una combinación de la crisis de 1987 de Wall Street, la crisis asiática de Rusia de 1998 y la crisis financiera de 2008: dicho de otra manera, una fuerte crisis de los países emergentes puede hacer desencadenar una nueva oleada de catástrofe financiera y económica en el centro que a comienzo de 2014 está saludando los primeros síntomas, débiles de recuperación.
En conclusión: la crisis mundial no está cerrada y su final sigue estando abierto. Por otra parte, lo que ya ha comenzado es una fuerte presión de los “mercados” y las autoridades financieras como el FMI que presionan a los productores de materias primas a avanzar en duras reformas estructurales antes que confiar en un revival del moribundo super-ciclo de las commodities que los pueda rescatar. En países como Brasil, la prensa internacional ya habla de la liberalización de industria y servicios para facilitar la llegada de fondos foráneos, la reforma de un sistema de protección social presentado como a todas luces excesivo en el que la participación del gasto en pensiones en relación al Producto Interno Bruto equivale al de naciones europeas, cuya proporción de jubilados es tres veces superior, según su propia descripción. Es decir, un ataque “a la europea” a los derechos de los trabajadores y el fin de los márgenes de autonomía estatal de que gozaron en el sistema internacional de la última década varios de estos países, en especial los BRIC. Una vuelta de tuerca en la semicolonización.
 Resvista IdZ
1. Chingo, Juan, “Economía y geopolítica de la crisis capitalista. El fin de las “soluciones milagrosas” de 2008/9 y el aumento de las rivalidades en el sistema mundial”, Estrategia Internacional 28, Buenos Aires, agosto 2012.

jueves, 3 de abril de 2014

La Crisis de Capitalismo (en dibujos) por David Harvey (Doblado con voz ...

ORIGEN DEL DINERO ES DEUDA. SISTEMA ECONOMICO.

¿Cómo funcionan los bancos?¿Donde está el origen de la crisis económica?...

Confrontación silenciosa

Una confrontación silenciosa



 Por Bernardo Kliksberg * Pagina12

Doscientas mil personas son actualmente los dueños, según un banco suizo, de casi la mitad del producto bruto mundial; 
el 50 por ciento de la poblacion, 3500 millones de personas, tienen sólo el uno por ciento
Mientras el uno por ciento más rico ganó en 2013 1746 millones de dólares promedio cada uno, los pobres recibieron menos de 1000. 
Tienen insuficiencias alimentarias, viven en tugurios lóbregos, carecen de agua potable, no tienen instalaciones sanitarias; los niños tienen que trabajar desde muy pequeños y la gran mayoría deserta de la escuela.
Las desigualdades resultan de determinadas políticas. Hay políticas que las aumentan y otras que las reducen. Los ciudadanos de América latina lo saben muy bien. Durante las dictaduras militares y los ’80 y ’90, en donde primaron los modelos económicos ortodoxos, vieron cómo aumentaban y hacían crecer la pobreza.
Se ha intentado legitimar el aumento de las desigualdades mediante paradigmas para los cuales son “inevitables para el progreso” o “sólo una etapa transitoria mientras se produzca el derrame”, y “atacarlas generaría el caos”.
No importa que la realidad haya desmentido
dichos paradigmas, ha habido un “negacionismo sistemático” de las evidencias en contrario.
Los latinoamericanos vivieron sus efectos y por eso reclamaron en todo el continente, por diversas vías, economías que dieran respuestas colectivas y redujeran efectivamente la pobreza y las desigualdades. Se pusieron en marcha y, si bien falta mucho, las cifras cambiaron. La pobreza bajó de más del 40 por ciento al 28 para toda la región, mucho menos en algunos países. En ellos –como entre otros Argentina, Brasil, Uruguay– millones de personas salieron de la pobreza y se ampliaron las clases medias.
No “llovió inclusión”, sino que hubo reformas sociales profundas apoyadas por la mayoría de la ciudadanía, que significaron ingresar en otro paradigma diferente del pregonado por el uno por ciento más rico.
Por debajo de los grandes debates sobre políticas, hay hoy una confrontación silenciosa de paradigmas.
Así, entre otros aspectos, para el paradigma dominante en los ’90, que seguía puntillosamente el llamado consenso de Washington sobre cómo debía conducirse una economía, la pobreza era en definitiva parte de la historia. “Pobres hubo y habrá siempre”, decían algunos de sus líderes, a pesar de que no debería haberlos en una América latina que, además de un subsuelo inmensamente dotado de materias primas estratégicas, tenía la tercera parte de la superficie disponible para el cultivo sustentable y la mayor proporción de recursos hídricos renovables del mundo. Para la ortodoxia es inadmisible que haya crecido el gasto público en la región en la ultima década, más allá de que ello significó acercarse a lo que representa en los países más de-sarrollados y a que la mayor parte del crecimiento fue en inversión social, central para reducir la desigualdad.
El paradigma que propugna políticas de recorte profundo del gasto público enfatiza a voz en cuello cuánto va a significar ello en ahorro de recursos y reducción de déficit que “tranquilizará a los acreedores”, pero no es nada transparente respecto de los costos que ello representa para la vida diaria de la gente.
Estudios sobre Italia, España y Grecia encontraron que el aumento del desempleo al que contribuyó la receta de retracción del gasto público incidió en un aumento de la tasa de suicidios en los tres países.
Las obras incluidas en la Colección Cuestionando Paradigmas, que Página/12 publicará a partir del domingo, están dedicadas a confrontar paradigmas que se presentan con frecuencia como la “verdad infalible” frente a la cual toda pretensión de crítica sería anacrónica y técnicamente inaceptable.
No les interesa discutir evidencias, están mucho más confortables en la mera discusión sobre dogmas.
Tratan de que el debate permanezca siempre en los términos que lo plantean como “esto es una elección entre la libertad, el libre mercado o el populismo”, “la pobreza se combate con crecimiento, no con programas sociales”, “los programas sociales son asistencialismo”.
Se ven en dificultades serias cuando se les cambia el marco del debate. “La elección es entre economía para unos pocos o economía inclusiva”, “debe promoverse el crecimiento, pero no basta para eliminar la pobreza”, “los programas sociales participativos, y con buena gerencia social, empoderan a las comunidades pobres”.
Pero, sobre todo, tratan de eludir toda discusión ética seria sobre los resultados finales de lo que se está proponiendo. La ética “fastidia” a la economía ortodoxa. Trae mucho “ruido”, con su énfasis en los “muertos y heridos” que deja a diario en el camino. Para que no moleste se presenta a la economía como una cuestión “puramente técnica”.
Las políticas públicas cambiaron en muchos países de América latina, pero los cambios culturales son mas difíciles de hacer y más lentos. Los paradigmas ortodoxos siguen muy vigentes, desconociendo la crisis mundial de 2008/9 que mostró sus insuficiencias estructurales, negando sus causas, relativizando los niveles de desigualdad y pobreza y diseminando a diario estereotipos, prejuicios, mitos y falacias sobre los pobres y las políticas de cambio.
Parte de la lucha por construir países para todos pasa por “dejar al rey desnudo”, confrontando con hechos concretos las lógicas subyacentes en las doctrinas “infalibles” en que se ha tratado de inculcar en los ciudadanos en las últimas décadas.
La colección que empieza este domingo se dedica a hacer esa tarea de crítica desmistificadora, al mismo tiempo que a presentar, como siempre lo he hecho en toda mi trayectoria, experiencias y propuestas alternativas.
En la primera obra se introduce la presencia de Los parias de la Tierra; en la segunda se muestra Una lectura diferente de la economía; en la tercera, Discutiendo lógicas, se reexploran temas claves; en la cuarta, Otra economía es posible, se indaga sobre su perfil y, en la última, se trabaja sobre Herramientas para construir una economía con rostro humano.
Es posible salir del “túnel de la desigualdad y la pobreza” en que está atrapado gran parte del género humano. No es un destino irremisible de la historia. Pero para avanzar hacia una libertad real, en donde libres de pobreza los seres humanos puedan desarrollar sus capacidades a plenitud, es imprescindible librar la lucha por el conocimiento de la realidad. Ese conocimiento fue casi condenado a la “clandestinidad” por el paradigma ortodoxo. Es necesario recuperarlo.
* Gran Maestro de la UBA. Presidente de la Red Latinoamericana de Universidades por el Emprendedurismo Social. Este artículo está basado en la Introducción a la Colección Bernardo Kliksberg, Cuestionando Paradigmas, que Página/12 publicará a partir del próximo domingo

miércoles, 2 de abril de 2014

Crisis, desigualdad y pobreza

A LOS VETERANOS DE GUERRA DE MALVINAS....GRACIAS!!!!


ORDEN REPRIMIR


CAPITALISMO NO ES UNO SOLO...PERO ES CAPITALISMO


A LA OLIGARQUIA Y A LA DERECHA LES DUELE LA INCLUSION SOCIAL

  
Siempre hay excepciones, pero es poco comprensible que una familia acumule riqueza a costa de no dar de comer a sus niños, o  de no mandarlos a la escuela, o de privarlos de la salud, como tampoco que haya ahorro a costa de los abuelos o de los discapacitados.
 Aunque muchos crean que un país debe generar riqueza para unos pocos, con el cuento de la copa llena, La Patria es la casa grande de sus habitantes y, por lo tanto, es loable que algunos ganen o acumulen un poco menos, y que parte de esos recursos se utilicen, como en cualquier familia digna, para la inclusión progresiva de los que menos tienen, por distintas razones, incluídas las políticas neoliberales. 
Noam Chomsky, norteamericano, investigador y profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), nos relata en su libro ¨Cómo funciona el mundo¨, muchos hechos que trataremos de resumir: En 1970 las inversiones a largo plazo y el comercio representaban cerca del 90% de los capitales internacionales, con apenas un 10% para la especulación. 
En 1990 la especulación probablemente llega al 99,9% antes de que se derrumbara todo. 
El Policy Planning Study 23, redactado por  el Departamento de Estado Norteamericano en 1948 dice lo siguiente: Tenemos el 50% de la riqueza del mundo … y nuestra tarea para el período que se avecina es un modelo de relaciones que nos permita mantener esta posición… para lo cual tendremos que prescindir del sentimentalismo y dejar de hablar de los derechos humanos, las mejoras en el nivel de vida y la democratización. 
En 1950 otro documento ultrasecreto, para los embajadores  Estadounidenses en América Latina,señala que la política exterior del país debe preocuparse por “la protección de nuestra materia prima, es decir la materia prima latinoamericana”. Por lo tanto había que combatir una “herejía peligrosa”: que los gobiernos tienen una responsabilidad directa sobre el bienestar de la población. Por otra parte el significado operativo de la Doctrina Monroe es que “ los Estados Unidos considere sus propios intereses. La integridad de las demás naciones americanas “es un accidente, no un fin”. Sobre la base de esta idea el presidente Wilson invadió  Haití y la República Dominicana, donde sus soldados asesinaron y destruyeron todo a su paso (el problema de las democracias auténticas es que pueden caer presas de la herejía según la cual el gobierno no debe responder a las necesidades de los inversores estadounidenses, sino a los de su propia población), demolieron el sistema político, dejaron esos países en manos de las grandes empresas estadounidenses y prepararon el terreno para la dictaduras brutales y corruptas que vendrían después. También detalla Chomsky las intervenciones de Estados Unidos,después de la segunda guerra mundial, en Europa, en Africa, en Corea del Sur , donde un levantamiento de campesinos se paró con el asesinato de unas 100.000 personas, antes de la guerra de Corea. Luego se citan Golpes de Estados en: Colombia, Venezuela, Panamá, y en 1954  el Golpe de Estado que ideó la CIA en Guatemala transformando ese país en un verdadero infierno, con intervención sistemática de Estados Unidos, hasta la fecha.  En la página 28 de su ya citado libro, Chomsky dice: con el apoyo o inclusive la intervención directa de Estados Unidos, fueron derrocados los gobierno de Irán en 1953, de Guatemala en 1954 y 1963, de Brasil en 1964, de Chile en 1973 y de muchos otros países en distintos momentos, incluído Argentina. Los métodos no son muy bonitos. Lo que hicieron los Contras en Nicaragua –dirigidos por Estados Unidos-, o lo que hacen sus representantes en El Salvador y Guatemala, no es solamente matar. Uno de los elementos más importantes es la tortura sádica y brutal. El objetivo  es aplastar los movimientos sociales independientes y las fuerzas populares capaces de instalar la democracia en su verdadero sentido. Otra de las “estrategias” estadounidenses es evitar la amenaza del buen ejemplo. En el caso explícito de El Salvador fue que comenzaron a propagarse las “organizaciones populares”, o sea,  las asociaciones de campesinos, las cooperativas, los sindicatos y los grupos religiosos para el estudio de la Biblia, que después se transformaron  en grupos de autoayuda. El ataque a Nicaragua fue justificado con el planteo de que tenían que pararlos, porque sino “ellos  los  iban a invadir a través de la frontera de Texas”. En febrero de 1980, Oscar Romero, Arzobispo de El Salvador, le escribe una carta al presidente Carter, para rogarle que no mandara ayuda militar a la Junta que estaba gobernando el país. La carta decía que esa ayuda se iba a usar para “ayudar a la injusticia y la represión contra las organizaciones populares” que luchaban por “el respeto de los Derechos Humanos más básicos” (algo que no era ninguna novedad para el gobierno norteamericano, obviamente) . Unas semanas después, el Arzobispo Romero fue asesinado mientras daba la misa. “La ayuda” que el cipayismo solicita de especialistas norteamericanos para combatir la droga, sirve para encubrir intervenciones. Pienso, no es suficiente mirar las telenovelas que se están pasando en nuestros televisores, para que alguien quiera copiar el modelo de Estados Unidos donde la droga entraba en aviones, por mar, por túneles. Mientras, lo más grave,  el lavado de los narcodólares se hace en los Paraísos Fiscales  de Estados Unidos e Inglaterra, es decir nuestro flagelo es “su negocio”. Obviamente, ninguno de los hechos resumidos en estas letras, ni en las 354 páginas del libro, fueron posibles sin el apoyo de la derecha local, de cierto empresariado y de grupos económicos disfrazados como medios de comunicación y prensa libre. Pensemos, no es casual el ataque a la democracia Venezolana, ni el golpe económico –vía precios- en la Argentina y Brasil, ni las corridas cambiarias.
Señor Director del Diario Norte. Apreciaré quiera tener a bien considerar la posibilidad de publicar la precedente Carta de  Lectores. Con tal motivo y agradeciendo su atención , saludo a usted muy atentamente.
Carlos Rodolfo Blanco Silva.