Hombre en llamas

Hombre en llamas
Hombre en llamas. Orozco, J.C. Algunos críticos interpretan el mural como una glorificación de los cuatro elementos, otros ven en cada una de las figuras una simbología inherente al hombre mismo: el hombre teológico (que simboliza la tierra), el cual despierta en el mundo y convierte en dioses los fenómenos naturales que no comprende; el hombre metafísico (que simboliza el viento), el cual empieza a tener conciencia, reflexionando sobre la realidad del mundo; el hombre científico (que simboliza el agua), el cual analiza los fenómenos, los objetos, penetrando con su razón en sus esencias. Finalmente el hombre de fuego que debería simbolizar a Prometeo, el que rebelándose a los dioses entregó a los hombres la chispa del fuego, la cual representa al mismo tiempo la razón y la libertad. Así el hombre, ya libre, crea las artes en su constante lucha de superación; el hombre hecho fuego de pasiones, de anhelos de conquistas, pero sobre todo dueño de su vida, de su destino y de sus decisiones.

miércoles, 7 de mayo de 2014

ECONOMIAS CENTRALES

Mutaciones del capitalismo en la etapa neoliberal (I)
Economías centrales



Seis años de crisis han alterado el escenario mundial. Los bancos fueron salvados con mayor bache fiscal y una enorme inyección monetaria que incentiva más burbujas que reactivaciones productivas.Estados Unidos exportó la crisis y define el ciclo financiero global porque mantiene la supremacía del dólar, el manejo de los grandes bancos y el control sobre el FMI. Pero la deuda pública y la regresividad impositiva acentúan su deterioro industrial. Mantiene protagonismo por una preeminencia militar, que reorganiza con más tecnología y menos tropas. Reajusta prioridades estrechando la coordinación con los aliados.
Luego de la anexión, el ajuste interno y una alianza con Francia, Alemania refuerza su predominio en Europa. Italia y España no tienen resguardos geopolíticos frente a la cirugía deflacionaria y las transferencias a los acreedores golpean a la periferia de la región.
El ideario federalista keynesiano ha sido reemplazado por la centralización neoliberal en la conformación de un proto-estado continental. Para amoldar Europa a la competitividad global se acentúa el despotismo de la Troika. Pero la ilegitimidad, el rechazo popular y las demandas separatistas socavan a la Unión.
La reducida estructura estatal europea es funcional al ajuste pero no a la concurrencia internacional. Lo demuestra la política monetaria defensiva y el abandono de proyectos militares. La crisis refuerza el prolongado estancamiento de Japón que pierde posiciones en Asia y reafirma su rol secundario en la política internacional.
Al cabo de seis años de crisis global la coyuntura internacional ofrece un cuadro muy variado. Los bancos fueron salvados a expensas de un enorme bache fiscal y una gran expansión del desempleo. En las economías centrales se contuvo la depresión pero no el estancamiento, China consolidó su ascenso, las economías intermedias mantuvieron un crecimiento frágil y la periferia sufrió una nueva degradación.Los cambios geopolíticos han puesto en debate la supremacía imperial de Estados Unidos, la continuidad de la Unión Europea y la aparición de nuevos bloques. La ofensiva del capital sobre el trabajo persiste con fuertes resistencias en Europa, convulsiones en Medio Oriente y reacciones sociales en Asia.
¿Cómo impacta la crisis en las distintas regiones? ¿Qué alcance y significado tiene la multipolaridad? ¿Cambió la relación social de fuerzas en que se asienta el neoliberalismo? Los acontecimientos del último sexenio brindan pistas para esclarecer las tendencias de la coyuntura, la etapa y la época del capitalismo.
Dilemas del socorro bancario
La quiebra de Lehman Brothers inauguró un período de turbulencias que transformó a la crisis en un dato cotidiano de las economías centrales. Los incontables paralelos con lo ocurrido en 1929 retratan la gravedad del torbellino, que convulsionó a los bancos estadounidenses y al euro.
Al comienzo del 2014 la anémica recuperación de la Eurozona coexiste con una inestable reanimación económica de Estados Unidos, el languidecimiento de Japón y la desaceleración de China. Es el mismo escenario que ha predominado en los últimos años. Los promisorios signos de reactivación se diluyen con la reaparición de nubarrones financieros y paralizaciones productivas. Pocos analistas anuncian el fin de la crisis y muchos consideran factible una reaparición del momento crítico vivido en el 2008-09.
Esta incierta coyuntura prevalece al cabo de una inédita expansión del gasto público. Todos los gobiernos de los países afectados por la crisis desplegaron un gran socorro para rescatar a los financistas que especularon con créditos sub-prime, burbujas y bonos empaquetados.
Las investigaciones sobre el rol de Goldman Sachs en el diseño de hipotecas titularizadas fueron cerradas. Los expertos en ocultar riesgos y apañar créditos insolventes conservan sus empleos. Sólo cayó algún chivo expiatorio por estafas muy explícitas (Madoff) y se negocian algunas multas sin consecuencias penales con las calificadoras de riesgos (Standard and Poors).
Los bancos estadounidenses neutralizaron la reglamentación de una tenue ley de supervisión, mantienen sus operaciones en las sombras, impiden la división de las grandes entidades y preservan los paraísos fiscales. En Europa todavía no se aprobó el famoso impuesto a las transacciones cambiarias (tasa Tobin) y el último proyecto incluye un gravamen ridículo que podría favorecer al propio auxilio de los bancos [2].
Los gobiernos optaron por el rescate en lugar de cerrar o nacionalizar los bancos colapsados. Evitaron el camino de la clausura por temor a un desplome general de los depósitos y acreencias. Luego de la conmoción creada por la intervención de Lehman se disiparon las propuestas ortodoxas de precipitar una desvalorización masiva del capital.
Pero la asociación de los gobernantes con el poder financiero sepultó también las tentativas opuestas de avanzar hacia la estatización de las entidades. Esta complicidad contrasta con el trato dispensado a las víctimas de la crisis que padecen pobreza, desempleo y caída del salario,
Se ha mantenido intacta la estructura bancaria que detonó la crisis. El oxígeno oficial aportado a las entidades agrava todos los desequilibrios financieros. Lo más explosivo es la magnitud de la inyección monetaria consumada para auxiliar a los bancos. No existen precedentes de una emisión con efectos tan expansivos sobre la liquidez internacional. Nadie sabe cuándo y cómo esa descomunal suma de dinero será absorbida por la economía.
La Reserva Federal (FED) introdujo una política de “relajamiento cuantitativo” para transferir un caudal millonario de fondos a los bancos. Intenta inducirlos a incrementar los préstamos con destino productivo. Pero los resultados de esa medida sobre el nivel de actividad económica han sido exiguos. Las entidades eluden derivar esos recursos a créditos de inversión o al refinanciamiento de las familias endeudadas. Utilizan el dinero para incentivar un nuevo ciclo de especulación con materias primas, acciones o monedas extranjeras.
La FED ha quedado atrapada en un complejo dilema. Si mantiene la liquidez continuará alentando las transacciones de alto riesgo que condujeron al estallido del 2008. Pero si desactiva ese peligro incrementando la tasa de interés asfixiará la débil recuperación y reabrirá el grifo para una recesión de envergadura[3].
A diferencia de los años 60 no está obligada a optar entre el crecimiento inflacionario y la retracción de la economía. En las últimas décadas se ha instalando un cuadro deflacionario que reduce el impacto de la emisión sobre los precios. Pero debe lidiar con la disyuntiva de propiciar nuevas burbujas financieras o resignarse al continuado estancamiento.
Un anticipo de este dilema se verificó en Japón durante los años 90. El auxilio a los bancos no se tradujo allí en repunte del crecimiento y los rescates ni siquiera erradicaron la insolvencia financiera. Si se repite ese escenario los gobiernos bombearán fondos que nunca llegarán a la esfera productiva.
Liderazgo financiero estadounidense
La crisis comenzó en Estados Unidos, se expandió al resto de las economías desarrolladas y terminó atenuándose en el país de origen. Esta curva se explica por la gravitación de la primera potencia en varios terrenos.
En primer lugar mantiene la primacía del dólar en el comercio y las finanzas. En esa divisa están nominadas el 62% de las reservas y el 85% de las transacciones globales. El billete norteamericano ha perdido su reinado de posguerra, pero ninguna otra moneda ocupa su lugar. Preserva una significativa hegemonía, mientras se negocia otro patrón internacional basado en la convivencia de varias monedas, el retorno a las paridades fijas o la formación de una canasta de divisas [4].
A pesar del elevado endeudamiento y déficit comercial que soporta la economía estadunidense, el dólar se mantuvo como refugio predilecto de los capitalistas en los momentos críticos del último sexenio. En esas coyunturas los acaudalados buscaron protección en ese signo monetario.
Estados Unidos define, en segundo término, el ritmo y las características de la reforma del sistema financiero internacional. Este ajuste normativo se ha tornado imperioso por la crisis reciente, la globalización de las finanzas y la interconexión de las Bolsas. Un reconocido jefe del clan bancario supervisa esta remodelación (Paul Volcker), para perpetuar la hegemonía de los capitales que operan desde Nueva York. También busca garantizar los privilegios del puñado de expertos que maneja de ese complejísimo sistema.
La influencia de este sector se verificó en el veto que impuso a las propuestas de limitar las operaciones de alto riesgo. Los financistas bloquearon, además, las sanciones contra los causantes del crack del 2008 y consiguieron la continuidad de las escandalosas comisiones que cobran los gestores de las burbujas .
Estados Unidos logró, en tercer lugar, rehabilitar al FMI como auditor de las economías nacionales y supervisor de los ajustes. Una entidad desprestigiada y con recursos decrecientes, cuenta nuevamente con muchos fondos y gran capacidad de intervención global. En los últimos cónclaves del G 20 se acordó duplicar el capital de ese organismo. Aunque los norteamericanos aportan poco dinero mantienen una influencia predominante en el directorio. La agenda del FMI se define en Washington.
Este poder de Wall Street y la Reserva Federal explica cómo pudo la potencia del Norte exportar una crisis originada en su territorio. Al comienzo del temblor impuso la estrategia de expandir la liquidez bancaria y neutralizó la resistencia de Alemania. Ha recurrido nuevamente a la inundación internacional de dólares, que en el pasado facilitó la licuación de la deuda pública estadounidense. Ante la ausencia de alternativas l os tenedores de esa moneda vuelven a aceptar ese riesgo.
Muchos bancos del país se han recompuesto con fondos públicos y comienzan a devolver parte del dinero obtenido durante el rescate. Por eso la FED propicia un giro hacia la restricción monetaria y el aumento de las tasas de interés [5].
En las fases anteriores de liquidez, la política monetaria expansionista condujo a la emigración de capitales hacia las economías intermedias, que ofrecían mayor rendimiento a los fondos golondrinas. En el escenario opuesto que se avecina (de encarecimiento del costo del dinero), comenzaría un retorno de esos capitales hacia las economías centrales.
En ambos períodos Estados Unidos ha orientado el ciclo financiero global, confirmando el rol central que tienen Wall Street, la FED y los bancos de ese país en el desenvolvimiento del capitalismo contemporáneo [6].
Deterioro industrial
La otra cara de este protagonismo internacional es el deterioro interno de la economía del Norte. Ese declive se corrobora en el débil crecimiento, que ha sucedido al endeudamiento privado y a la insolvencia desatada por la crisis de las hipotecas.
La recuperación de la economía está afectada también por el enorme costo fiscal que ocasionó el socorro de los bancos. La deuda pública alcanzó un peligroso techo luego de saltar del 62 % (2007) al 100% del PBI (2011). La gravedad de esta carga fue testeada el año pasado durante el cierre del gobierno federal. La administración dejó de funcionar, mientras republicanos y demócratas discutían los límites al financiamiento de ese pasivo.
El establishment utilizó el abismo fiscal como un argumento de ajuste, para forzar cortes más drásticos en el gasto municipal y social. Finalmente no se produjo el temido default, ni la dramática corrida contra los bonos del tesoro. Pero lo ocurrido ilustra la dimensión de la crisis fiscal que corroe a la economía norteamericana [7].
Esta flaqueza se acentúa, además, por la impotencia que demuestra Obama para introducir reformas mínimas. Bajo la presión del TEA Party y los republicanos aceptó el vaciamiento de su proyecto de salud. Los millones de estadounidense que carecen de protección sanitaria deberán afiliarse a un servicio privado pre-pago regulado por el estado. El proyecto de una cobertura significativa y menos onerosa quedó archivado.
Como la derecha ha bloqueado cualquier reintroducción de impuestos a los ricos, todo el ajuste sigue recayendo sobre los trabajadores. Obama choca con los republicanos en temas culturales (aborto, matrimonio homosexual) y prioridades políticas (inmigración, uso de armas). Pero su agenda económica es muy semejante. Un abismo lo separa del New Deal que instrumentó Roosvelt durante la gran depresión.
El presidente actual mantiene una política neoliberal adversa a los sindicatos y rechaza todas las sugerencias de los economistas keynesianos para regular los bancos, aliviar a los pequeños deudores y mejorar el ingreso de los empobrecidos.
Como resultado de este continuismo un puñado de multimillonarios ha triplicado su apropiación del PBI en comparación a los años 70. El sistema impositivo que impuso el reaganomics no ha cambiado, mientras uno de cada seis norteamericanos vive con ingresos inferiores a la línea de pobreza.
El endeudamiento personal constituye otro índice del mismo deterioro. Es un recurso de supervivencia frente a la pérdida de ingresos, que utilizan todas las víctimas del modelo actual. Las familias de Estados Unidos han quedado particularmente atrapadas en la madeja de esta financiación.
Las brechas sociales se amplían además con la expansión del desempleo, que no decae en los momentos de reactivación. Gran parte de los empleos perdidos desde el 2008 desaparecieron para siempre. Las grandes empresas continúan incrementando la productividad con innovaciones que expulsan mano de obra, mientras amplían su deslocalización de plantas. Crean fuera del país los empleos que destruyen internamente, multiplicando los barrios fantasmales en las ciudades obreras (como Detroit).
Es cierto que este deterioro industrial coexiste con el liderazgo estadounidense en la creación de nuevas tecnologías de la información. Pero esa actividad genera poco empleo y no podrá encabezar un resurgimiento del nivel de ocupación. La emigración de empresa hacia países con menores costos laborales genera pérdidas de puestos de trabajo muy superiores, a la recuperación de empleos que acompaña al desarrollo de las actividades de punta. Las nuevas tecnologías no recrean el trabajo masivo de la industria clásica.
Reajustes en la primacía bélica
Estados Unidos conserva un rol internacional protagónico a pesar de su pérdida de liderazgo industrial. ¿Cómo se explica esta disociación? La influencia decisiva de sus bancos aporta una respuesta. Pero la principal explicación se encuentra en el rol imperial que despliega la primera potencia. Esa supremacía militar le permite preservar protagonismo económico.
El gendarme del planeta es garante del orden capitalista. Es un sheriff que maneja el 40% del gasto bélico global, a través de 800 bases militares distribuidas en 130 países. No tiene sustituto en este papel de custodio de las clases dominantes. Protege al capital frente a las amenazas sociales serias o las situaciones de extrema inestabilidad [8].
Actualmente Obama perfecciona estas formas de intervención. Promueve una menor presencia directa de tropas para facilitar acciones laterales con mayor sostén tecnológico. El curioso premio Nobel de la Paz incorporó a su equipo a un ex halcón republicano (Check Hagel) y a un experto en provocaciones de la CIA (John Brennan). Ha decidido evitar las invasiones con más operaciones encubiertas.
Washington es la capital de una guerra perpetua. Un ejército secreto de 60.000 hombres se encarga de implementar los mandatos de una diplomacia militarizada que desinforma a la población. Este encubrimiento es facilitado por el ínfimo porcentaje actual de alistamiento de la ciudadanía.
Las operaciones quirúrgicas son realizadas por comandos entrenados para el asesinato. El caso de Bin Laden ilustra como estas ejecuciones son resueltas sin procesos judiciales. Obama maneja la lista de condenados y define el momento de cada crimen. Utiliza una ley secreta para detener a los sospechosos de terrorismo en cualquier parte del mundo y refuerza los grupos de tareas que pasaron de 35 (2002) a 106 (2010) [9].
Esta política conduce a restricciones de las libertades democráticas, como se ha notado en la venganza que soporta el soldado Bradley Manning por destapar información sobre la violencia imperial. La persecución internacional que sufren Assange y Snowden obedece al mismo propósito de silenciar la brutalidad de las operaciones estadounidenses. Este belicismo repercute internamente en el continuado armamento de población, los asesinatos en los colegios y la expansión de las milicias derechistas.
Obama reajusta la estrategia imperial para reparar la fatiga política y el agujero financiero que dejó Bush. Después de la crisis del 2008-09 Estados Unidos no puede costear guerras infinitas. Los 800.000 millones de dólares gastados en Irak y los 450.000 millones desembolsados en Afganistán dejaron exhausto al Tesoro. Tal como ocurrió luego de Vietnam, la primera potencia necesita cicatrizar las heridas para retomar el intervencionismo. No es la primera vez que el imperio introduce un paréntesis entre dos cruzadas [10].
Imperialismo colectivo
La reorientación actual incluye una revisión de las prioridades bélicas, para reducir la presencia estadounidense en Medio Oriente y aumentar la presión sobre China. En la primera región se transfieren responsabilidades a los socios locales, mientras la CIA preserva el control de las operaciones secretas, el manejo de la información y la provisión selectiva de armamento.
En la segunda zona el Pentágono incrementa el número de tropas localizadas en la zona del Pacífico, afianza el cerco sobre Corea del Norte y supervisa los conflictos limítrofes entre Japón, Corea y China. Pero además, los marines entrenan tropas de 34 países africanos y encabezan todas la “intervenciones humanitarias” que requieran las empresas multinacionales. Sostienen especialmente la tensión sobre Rusia, a través de los nuevos satélites que incorporó la OTAN.
El gendarme global mantiene su vieja estrategia de hostilizar a los adversarios para obligarlos a negociar. El acuerdo con Irán es el ejemplo más reciente de esta política. La primera potencia impuso el desarme nuclear a cambio de concesiones mínimas. Logró este objetivo al cabo de muchos años de bloqueo comercial y ofertas de negocios a la burguesía persa.
La renuncia a bombardear Siria demostró que Estados Unidos tiene limitada su capacidad de intervención militar directa, pero no su rol de mandante geopolítico. Está ubicado en la primera fila de las negociaciones, luego de la contraofensiva iniciada en Libia para sepultar la primavera árabe en guerras sectarias.
Se ha retirado superficialmente de los conflictos de la región, para facilitar un desangre que le permita negociar nuevas alianzas con los ganadores de las batallas en curso. Fue el modelo que utilizó con Irak contra Irán, para luego sepultar a Irak y terminar negociando con Irán. En Siria financia a los yihadistas contra el gobierno para luego exigir la depuración de los fundamentalistas. En el Líbano apaña el reinicio de las masacres.
Pero como cada aventura alumbra una nueva fuerza reaccionaria autónoma, la secuencia de guerras no tiene fin. Ya ocurrió con los talibanes y Al Qaeda. El próximo descarrilamiento podría ser encabezado por Arabia Saudita, si el reino continúa avanzando en la construcción de una bomba atómica para reforzar sus ambiciones regionales [11].
Es evidente que el sheriff del mundo quedó afectado por el resultado de Irak. Debió abandonar un fallido ensayo colonial que devastó a ese país. Pero sigue manejando los hilos de la región junto a sus socios y a diferencia de Vietnam no soportó una crisis interna por las masacres perpetradas.
Luego de la experiencia iraquí, Obama promueve acciones imperiales más coordinadas y trata de compartir costos con sus socios internacionales. Busca que Europa hostilice a Rusia frente a la crisis de Ucrania, qué Francia intervenga en África y que las elites locales se involucren más directamente en los conflictos de Yemen, Tailandia, Pakistán o Egipto.
Esta política apunta a incrementar la participación de sus aliados en la custodia imperial sin resignar el manejo de las prioridades. Estados Unidos determina quiénes son los integrantes y excluidos de la OTAN, cómo opera el eje forjado durante la guerra fría con Europa y Japón y qué papel deben cumplir las subpotencias ya probadas (Israel, Canadá, Australia), seleccionadas (Turquía, Brasil, Sudáfrica) o eventuales (Pakistán, India).
Estas tendencias confirman que el rol militar de Washington no se ha modificado. Preserva el liderazgo de una gestión imperial colectiva, que en la segunda mitad del siglo XX sustituyó a las viejas confrontaciones bélicas inter-imperialistas [12].
Algunos autores cuestionan esta caracterización remarcando el declive militar de Estados Unidos. Interpretan los desenlaces geopolíticos recientes en Medio Oriente, Europa Oriental o Asia como expresiones de impotencia de un viejo gendarme. Estiman que el Pentágono ha quedado irreversiblemente agotado y retrocede frente a cada desafío. Consideran que l uego de ejercer cierta hegemonía cultural durante de los años 90 (con la fantasiosa ilusión de un “siglo americano”), los yanquis han perdido la partida [13].
Pero resulta difícil corroborar este diagnóstico a la luz de lo ocurrido en los últimos años. Estados Unidos sigue fijando las pautas y asumiendo las decisiones más relevantes de la acción imperial. Es la voz cantante a la hora de definir quiénes son los integrantes y los excluidos del club nuclear.
En ese terreno negocia con sus viejos antagonistas (China y Rusia), comparte el armamento con sus socios (Francia, Gran Bretaña) y agentes privilegiados (Israel), acuerda la magnitud del poderío atómico con regímenes históricamente próximos (Pakistán) o actualmente afines (India). Al mismo tiempo impone una duro acoso contra quienes buscan dotarse de esos recursos bélicos en forma autónoma (Corea del Norte).
Estados Unidos ha perdido capacidad de acción unilateral, pero no poder de intervención en la dirección del imperialismo colectivo. Este comando obedece a la inexistencia de otro timón para la custodia general del capitalismo.
Alemania remodela a Europa
Europa es el epicentro de la crisis actual. Allí continúa la recesión al cabo de fatigosos ajustes con niveles récord de desempleo. El momento más dramático del temblor se registró en el 2011-2012, cuando sobrevoló una convergencia de quebranto de los bancos con cesaciones de pagos de la deuda pública, en pleno temblor global. También parecía inminente el estallido del euro. Ese dramatismo ha cedido pero el respiro es frágil. La situación de las instituciones financieras es delicada y el estancamiento es mayor que en Estados Unidos.
La interpretación europea inicial de tsunami como un eco pasajero del temblor norteamericano ha quedado desmentida. El Viejo Continente está entrampado en un círculo vicioso de quiebras bancarias y déficit fiscal. El rescate de las entidades potenció la deuda pública y precipitó recesiones, que acentúan la vulnerabilidad del sector financiero. Aunque 800 bancos ya recibieron un billón de euros nadie avizora el final del túnel.
Alemania se ha convertido en la gran potencia del Viejo Mundo. Recuperó preeminencia con la anexión de la RDA, que financió entre 1998 y 2006 con ajustes internos y retracción salarial. Luego impuso el incremento de la productividad por encima de los sueldos, mediante un atropello contra las conquistas sociales. Con las leyes Hartz se obligó a los desocupados a realizar trabajos precarizados, que ya representan un cuarto del empleo total. Esta agresión fue desplegada por los capitalistas para reducir el costo salarial.
La afluencia de mano de obra barata y calificada del Este y la relocalización externa de numerosas empresas complementaron el ajuste. Los sindicatos no fueron demolidos como en Inglaterra, pero decreció su poder de negociación y el modelo renano de capitalismo social se diluyó, hasta perder sus viejas diferencias con el esquema anglosajón. El capital alemán se internacionalizó, recibió inversiones externas y adoptó el estilo brutal de los managers estadounidenses.
Estas transformaciones han socavado la legitimidad del sistema político. En Alemania Oriental las elites del viejo régimen no obtuvieron los beneficios que lograron sus pares de Polonia, Hungría o Eslovaquia con la restauración capitalista. La emigración de jóvenes provocó una importante despoblación de la ex RDA y el 16% de la población total, ya afronta un serio riesgo de pobreza. Además, los servicios de alimentación para los carenciados se han triplicado desde el 2002 [14].
Los capitalistas germanos salieron airosos de la anexión e impusieron sus prioridades en la conformación de la Unión Europea. Acumularon un gran acervo de acreencias y superávits comerciales que les permite definir el rumbo del continente. Esta primacía se ha consolidado luego de cooptar a varias economías del norte (Dinamarca, Holanda, Finlandia, Austria).
También ha sido esencial el acuerdo político con Francia. La clase dominante de ese país compensa su declive productivo con la alianza geopolítica que forjó con su viejo rival. Pero el precio del convenio es un ajuste continuado, que conservadores y socialdemócratas implementan sin ninguna distinción. A los pocos meses de asumir, Hollande sustituyó su leve sugerencia de subir impuestos a las familias pudientes por nuevos subsidios al capital y mayor flexibilidad laboral.
Inglaterra ensaya otra estrategia tomando distancia del poder alemán. Se mantiene fuera del euro y renegocia el status especial que acordó en el 2009 dentro de la UE. Esta autonomía es exigida por el lobby bancario, para preservar los negocios internacionalizados de la City londinense. Pero hay muchas tratativas en curso, porque el sector industrial -que coloca la mitad de sus exportaciones en el Continente- promueve una reaproximación con Europa.
Cirugia deflacionaria
Las economías intermedias de Europa afrontan las consecuencias de convalidar los recortes que impone la cúpula de la Unión. Esta cirugía comenzó en Italia a principios de los 90 con la aceptación de las reglas de Maastrich. El viejo modelo de inflación, devaluación y déficit fiscal fue sustituido por una drástica comprensión del gasto público. La derecha de Berlusconi y los socialdemócratas de Prodi se han repartido la tarea de privatizar y desregular el mercado de trabajo, acentuando la brecha que separa al Norte del Sur. Con este molde macroeconómico se perpetúa el estancamiento y el desempleo.
España siguió otro recorrido. Su incorporación a la Unión dio lugar a un fuerte crecimiento inicial e incentivó la internacionalización de ciertas empresas que se transformaron en jugadores globales (Telefónica, Endesa, Fenosa, Repsol, BBVA, Santander). La contrapartida de esa inserción ha sido una especialización de la economía (construcción, servicios, turismo), que cercenó la estructura industrial y estabilizó elevadas tasas de desempleo.
Estas fragilidades explican el gran impacto de la crisis reciente. El estallido de la burbuja inmobiliaria precipitó en España un colapso bancario que arruinó las finanzas públicas al cabo de cuatro rescates. El último socorro incluyó el tutelaje alemán directo en la supervisión de los recortes. El producto se contrae, el déficit fiscal saltó al 6,4% y la deuda araña el 87% del PBI.
España e Italia no pueden compensar su fragilidad económica con acciones geopolíticas. En las últimas centurias tuvieron poca presencia en este ámbito y la incorporación a la Unión consolidó esa marginalidad. El impacto de la crisis se asemeja por estas razones al sufrimiento de toda la periferia europea [15] 
E l desempleo bate récord en la zona euro (10,8%) y se duplica entre los jóvenes (21,6%). Pero en España ya supera el 23% y en Italia afecta a uno de cada tres jóvenes y a la mitad de las mujeres del sur. El 8,2% de trabajadores europeos quedó situado en el 2010 por debajo de la línea de pobreza. Pero e l número de empobrecidos se duplicó en Italia (2007- 2012) y alcanza a tres millones de personas en España. Si esta degradación persiste al ritmo actual, un amplio sector de la población de ambos países quedará privado de coberturas básicas en los próximos años. El modelo socialdemócrata de “capitalismo con mejoras sociales” se desvanece en forma acelerada.
En el fracturado mapa del continente, Alemania determina el ritmo del ajuste. Impone a los deudores una indigerible dieta deflacionaria, para amoldar la región a su patrón de competitividad. Como al mismo tiempo necesita preservar los nuevos mercados evita la bancarrota de sus clientes, refinanciando a los quebrados con durísimos condicionamientos.
Cada país debe socorrer a sus bancos con fondos propios, puesto que la unificación monetaria no incluye compartir los pasivos. Alemania proyecta avanzar hacia una convergencia fiscal y bancaria de toda la U.E., cuando haya concluido la actual limpieza de insolventes. Por eso otorga préstamos sólo a las economías colapsadas que aceptan el futuro control germano.
Para preparar esa supervisión, Alemania bloquea cualquier auxilio indiscriminado basado en la mutualización de deudas o la emisión de Eurobonos. Impone un organismo afín (ABE) que timonea la reorganización de los bancos. También introduce la supervisión del Banco Central Europeo sobre las 6.200 entidades de la eurozona y maneja la recapitalización de esas instituciones a través de un fondo de estabilidad (MEDE). El paso siguiente sería reformar el Tratado Europeo para asegurarse el control fiscal, ampliando la delegación de atribuciones que ya detenta Bruselas.
Sólo al final de este proceso Alemania consideraría la introducción de los mecanismos federales que rigen en Estados Unidos, para supervisar las finanzas y la moneda. Pero este plan requiere que el euro, los bancos y las finanzas públicas perduren sin estallar por la gran ingesta de cicuta que contienen los ajustes. La crisis podría demoler este proyecto antes de su concreción, si se agrava la actual fractura entre el Norte y el Sur europeo.  
Mecanismos de polarización
Los capitalistas de toda la Eurozona invocan la permanencia en el euro para justificar la destrucción del estado de bienestar. Pero los más afectados son los países de la periferia regional. Estas economías han sufrido duramente las consecuencias de una liberalización financiera, que generalizó las maniobras de titularización, el apalancamiento y las contabilidades fuera de balance. Los bancos quedaron desprovistos de sus protecciones tradicionales y al trastabillar impusieron un inmenso agujero a las finanzas públicas.
La periferia europea está agobiada por pasivos inmanejables y ha quedado sometida a las exigencias de los acreedores. Su situación se asemeja a los padecimientos sufridos por América Latina en los momentos de mayor endeudamiento.
Los mismos excedentes de liquidez y mercancías que Estados Unidos colocaba entre sus vecinos del Sur en años 80 y 90, fueron transferidos por Alemania a las economías más frágiles del Viejo Continente. Ambas potencias utilizaron formas semejantes de endeudamiento público para descargar sobrantes de mercancías y capitales. Esta traslación socavó la estabilidad fiscal de las regiones dependientes y derivó en ajustes muy similares. El FMI monitoreaba los recortes de América Latina y ahora repite esa supervisión en una Troika compartida con la Comisión Europea y el BCE. Sólo han cambiado las victimas y la localización de un mismo proceso.
El desastre es mayúsculo en varios casos. Grecia sufre un colapso superior al padecido por Argentina en el 2001, tanto en el desplome de su producto (el doble del derrumbe pos- convertibilidad), como en la magnitud del endeudamiento (169% frente a 150% del PBI). El desempleo promedia el 27% y alcanza el 58% en la juventud, en un escenario de depresión sin fin [16].
La Troika no expulsó al país del euro pero tampoco lo financia. Mantiene una soga corta para imponer el ajuste perpetuo con inverosímiles promesas de mejoría futura. Al cabo de una promocionada renegociación de la deuda, el pasivo fue reducido en un irrisorio 10%.
A Irlanda no le va mejor. Durante una década el país fue exhibido como el “modelo más exitoso de neoliberalismo” y desde hace cuatro años soporta un ajuste sin pausa. El consumo se ha desplomado (12% inferior al 2007) y los recortes no han reducido la deuda pública que continúa por encima del 120% del PBI.
En Portugal la derecha y los social-liberales se alternan en el gobierno para introducir nuevos recortes, al concluir cada ronda de negociación de la deuda. Con el tercer rescate de los bancos el país quedó vaciado de reservas, mientras se multiplica el desempleo. Europa Oriental sufre una gran emigración de la población desocupada y soporta tasas de pobreza semejantes al Tercer Mundo.
El destino de dos paraísos financieros ilustra quién carga con las consecuencias de la crisis. En Islandia se privatizaron las entidades para atraer capitales a dos bancos, que recaudaron fondos equivalentes a 10 veces el PBI de la isla. Cuando colapsaron el FMI intentó transferir el desfalco a una población que impidió el atropello.
También en Chipre se buscó penalizar a los pequeños depositantes por la quiebra de los bancos. La resistencia social y el temor a una corrida en otros mercados liberalizados obligaron a limitar esa confiscación. Pero el precedente de una expropiación directa de los ahorristas quedó flotando como un recurso para el futuro.
La moneda común opera en toda la Eurozona como una convertibilidad forzosa, que consolida las ventajas de las economías avanzadas al impedir el uso de las devaluaciones para recomponer la competitividad.
Los países más endeudados son forzados a reducir su déficit fiscal y su desbalance comercial. Como utilizan la misma moneda que el resto para gestionar productividades, salarios y tasas de inflación muy diferentes, soportan una gran hemorragia de recursos hacia el centro.
El promedio salarial en Alemania, Francia, Países Bajos, Suecia y Austria duplica o triplica las medias de Grecia, Portugal o Eslovenia. Supera entre 7 y 10 veces los niveles vigentes en Letonia, Rumania o Bulgaria. La brecha de productividad con Alemania es abismal.
También los desniveles de inflación entre el Norte y Sur de Europa se han acentuado. En el período 2000-08 el incremento de precios fue 11,8% en la primera región y 27% en la segunda. Desde su incorporación al euro las economías de la periferia crecieron aumentando el consumo sin ningún soporte productivo. La inflación diferenciada reflejó este desequilibrio, que primero desembocó en déficit comercial, luego en endeudamiento y finalmente en quebranto bancario.
Estos procesos ilustran el carácter crónico de las desigualdades socio-económicas regionales y la recreación de relaciones centro-periferia en los momentos de gran reconversión capitalista. En el escenario europeo se verifica como ambos polos se alimentan mutuamente, a medida que la región es adaptada a los nuevos moldes de la acumulación global [17].
Del federalismo al centralismo
La crisis no ha detenido la conformación de la Unión Europea, que ya es un proto-estado continental con varias instituciones en gestación. Hasta ahora funciona mediante tratados sin gran sustento constitucional. P ara cambiar cada regla se necesita el voto de los gobiernos, que a su vez recurren a consultas internas. Estos mecanismos regirán hasta que se defina como centralizar las decisiones. Esta modificación se está procesando mediante la eliminación de todos los resabios de la Europa social que obstruyen a la Europa del capital.
La transformación en curso ya no guarda ningún parentesco con el ideario federalista. Ese proyecto se ha disipado para insertar al Viejo Continente en la mundialización neoliberal. El viraje es comandado por Alemania que ensayó internamente, los nuevos principios de restricción salarial y prioridad explícita del beneficio, a través de estrictas políticas monetarias de independencia del Banco Central [18].
Los primeros pasos que siguió la paulatina conformación de la Unión (Tratado de Roma en los 50, política agraria común en los 60, sistema de paridades en los 70, acuerdos de moneda en los 80) registraron un brusco giro con el tratado de Maastrich en los 90. Allí comenzó el viraje neoliberal consumado con la unificación monetaria, el resurgimiento de Alemania y el ingreso de los países del Este a la U.E.
El modelo actual funciona bajo el comando de una casta supra-nacional, que amolda la construcción de Europa a las exigencias del mercado. Su poder creció abruptamente luego con la implosión de la URSS y la reunificación germana. Maastrich consagró la primacía del despotismo capitalista, para demoler el estado de bienestar en los 27 miembros de la Unión y en los 17 integrantes de la Eurozona.
Todos perdieron soberanía, resignaron atribuciones presupuestarias y delegaron decisiones en la tecnocracia de Berlín-Bruselas. Este sometimiento se verifica en la primacía económica del Tribunal Europeo, el dominio de las empresas continentales, el libre flujo de capitales financiero y la gravitación del euro.
El proyecto federalista inicial de Monnet-Delors ha quedado totalmente sustituido por las propuestas de Hayek de forjar una estructura política divorciada de la soberanía popular. Este esquema modifica a tal punto las tradiciones progresistas de posguerra, que el término “reforma” ya no implica mejoras sociales sino aceleración de las privatizaciones.
La meta geopolítica inicial de la Unión apuntaba a realzar la gravitación de Francia para contener un eventual resurgimiento germano. Ese propósito tenía el Plan Schuman y la Comunidad del Acero y el Carbón. Se buscaba evitar la repetición de la inestabilidad de los años 30, imponiendo la subordinación de Alemania a una construcción continental.
Pero la crisis de Suez, las derrotas del colonialismo francés y la erosión del gaullismo alteraron el proyecto. Por un lado se incrementó la presencia perdurable de Estados Unidos en el Viejo Continente y por otra parte se debilitaron las posibilidades de un esquema europeo autónomo. El desplome de la URSS reforzó estas tendencias.
El viejo temor a una repetición de la inestabilidad de entre-guerra se diluyó e irrumpió el nuevo horizonte de forjar empresas regionalizadas (o internacionalizadas), para apuntalar la competitividad europea. El discurso apolítico que emana desde Bruselas expresa esta prioridad.
Todas los debates actuales confirman la sustitución definitiva del proyecto keynesiano por el planteo hayekiano. Algunas interpretaciones atribuyen este cambio a la necesidad de centralizar la actividad de las grandes empresas integradas. Otros explican el mismo proceso por la pérdida de influencia del estado-nacional. La interdependencia económica y la formación de alianzas continentales son vistas como datos insoslayables del nuevo escenario europeo.
Contradicciones de la Unión Europea
Muchos analistas se preguntan si la Unión aguantará la profunda erosión que genera la crisis actual. También discuten si el ajuste en marcha no terminará debilitando al Viejo Continente en la competencia global.
Cada iniciativa que adopta la Unión reduce su legitimidad política. Desecha las normas de una confederación, afianza la tiranía de sus organismos (Comisión, Consejo, Corte) y se divorcia del sustento electoral. Por estas razones aumenta el predicamento de las corrientes euro-escépticas.
El “déficit democrático de la Unión” es presentado por los neoliberales como un trago amargo y pasajero. Pero en realidad promueven un consenso pasivo de largo plazo, asentado en el sostén de las elites para contrapesar la indiferencia de las masas .
Dos de cada tres europeos ya hablan otro idioma y las calificaciones educativas se han unificado. Pero las clases populares no comparten el nuevo europeísmo, carecen de un sentido supra-nacional y conservan sus afiliaciones nacionales. Este descontento emerge periódicamente a la superficie en los resultados de los comicios.
El distanciamiento popular distingue la unificación actual de las viejas construcciones nacionales, que incluían la intervención revolucionaria de las masas para democratizar los nuevos estados. Estos organismos surgieron históricamente a través de la expansión gradual de la autoridad en cierto territorio, la edificación desde arriba (absolutismo francés) o la revolución anticolonial (Estados Unidos).
La Unión Europea no repite ninguno de estos precedentes y se forja con gran orfandad simbólica. Los valores de la civilización asociados con el Viejo Continente desde el Iluminismo han sido vertiginosamente erosionados por los atropellos neoliberales.
La unificación actual destruye, además, el equilibrio de poderes políticos que generaba la existencia de múltiples estados competidores. Este deterioro podría compensarse con la integración económica continental. Pero las empresas están consumando su entrelazamiento en un contexto de crisis global y desgarramiento social [19]. 
Los analistas euro-escépticos también remarcan la inexistencia de una defensa militar y una política exterior común, la inoperancia del Parlamento de Estrasburgo, la continuada primacía de partidos políticos nacionales y la ausencia de una real identidad europea. Subrayan especialmente la incapacidad de la Unión para sustituir a los viejos estados nacionales en la gestión corriente de los asuntos públicos [20]. 
La manifestación más evidente de estas tensiones es la creciente gravitación de las demandas regionalistas. Las tendencias separatistas se expanden e n un amplio espectro de regiones ( Escocia, Flandes) y en procesos muy contradictorios. Las legítimas exigencias nacionales (catalanes) se mixturan con el regresivo rechazo a compartir los presupuestos locales con las zonas empobrecidas (Norte de Italia).
El contraste entre los derechos vulnerados de los vascos y la persecución racista en la ex Yugoslavia, ilustra el carácter diametralmente opuesto que pueden asumir esos nacionalismos. Al aceptar varios mini-estados en su seno, la Unión Europa abrió un peligroso sendero de pertenencia a la Comunidad fuera de los estados vigentes.
Dos facetas de la unificación
La estructura estatal europea en gestación presenta un perfil neoliberal de pocos gastos y burocracias ínfimas. Con ese delgado aparato se busca avasallar las conquistas sociales que nunca alcanzaron los asalariados de otros continentes. Por esa razón el presupuesto de Bruselas se reduce al 1% del PBI regional.
La insignificante dimensión de ese organismo conduce a combinar los atropellos decididos en Bruselas con su implementación estatal-nacional. En este último ámbito se garantiza el recorte. Allí se concentran los dispositivos represivos y las instituciones políticas requeridas para consumar la agresión.
Pero un proto-estado mínimo para el ajuste también genera una estructura débil para la competencia internacional. Esta diferencia se ha verificado en las políticas divergentes que adoptaron la Reserva Federal y el Banco Central Europeo frente a la crisis. Mientras que la FED lanzó una emisión de 400% de la base monetaria de la economía estadounidense, el BCE sólo incrementó ese volumen en un 150% [21].
Esta diferencia de respuestas ha determinado una recuperación inferior del producto bruto y del empleo en comparación a Estados Unidos. La caída del nivel de actividad tuvo una duración inicial similar en ambas regiones (un año y medio). Pero la Eurozona recayó posteriormente en una nueva recesión de dos años. Además, su tasa de desempleo promedia el 12,1% frente al 6,7% de Estados Unidos [22].
Mientras que la potencia norteamericana recurrió a tres rounds de relajamiento monetario, en el Viejo Continente imperó la norma deflacionaria. Esta asimetría ha sido explicada por la adopción de una política monetaria expansiva frente a otra restrictiva. También se menciona la existencia de una Reserva Federal con experiencia, frente a un Banco Central Europeo en surgimiento. O se recuerda que los reglamentos de la Unión impiden prestar el dinero, que la FED distribuye sin ninguna restricción en todo el territorio estadounidense.
Otros analistas subrayan la mayor capacidad de acción de un estado imperial construido hace dos siglos, frente a un proto-estado continental en plena gestación. Observan la misma diferencia entre un capital yanqui (que opera en forma cohesionada) y capitales europeos (segmentados en proyectos heterogéneos).
Pero la principal diferencia radica en la continuada hegemonía imperial de Estados Unidos. El ejercicio de esa supremacía le otorga un manejo militar, político y económico que no tienen sus rivales europeos. Este dominio se expresa también en la forma dominante de ejercer la política monetaria con un horizonte global.
Por estas razones la Reserva Federal adoptó una actitud ofensiva frente a la crisis, emitiendo moneda y reduciendo las tasas de interés, mientras que el BCE recurría a la deflación y al encarecimiento del costo del dinero.
Merkel optó por una estrategia ultra-ortodoxa, no sólo por alcance acotado del euro como moneda mundial. Su conducta defensiva también obedece a la subordinación germana al poder geopolítico norteamericano. Alemania ha recuperado gravitación económica pero no presencia militar.
La sintonía del país con cualquier acción anti-terrorista que exige el Pentágono ilustra este sometimiento. Las elites alemanas son muy conservadoras y se han acostumbrado a seguir los mandatos del Departamento de Estado. En los últimos años aceptaron la participación de sus efectivos en los Balcanes, Afganistán y el Congo.
El comando económico que rige dentro de la Unión Europea no se extiende a la órbita geopolítica global. Como Alemania carece de ejército y proyección internacional, no puede actuar sola. Necesita el concurso de Francia, que a su vez ha optado por el abandono de la estrategia soberana del gaullismo.
El declive imperial francés no siguió el precedente británico de inmediata dependencia financiera y subordinación militar a Estados Unidos. De Gaulle pretendió reconstruir la autonomía del país mediante guerras coloniales y proyectos atómicos propios, aprovechando la gravitación internacional que mantenía la cultura francesa.
Pero ese intento fue socavado por la adaptación al neoliberalismo que inició Mitterand y posteriormente propiciaron los intelectuales derechistas enemistados con la generación del 68. Esta transformación fue reforzada por la apertura de la economía, la privatización de las empresas públicas y la consolidación de un estilo gerencial anglosajón.
El estancamiento económico, la reacción política y el declive cultural de Francia han desembocado en el giro pro-norteamericano en los últimos años. Este viraje incluyó el reingreso a la OTAN y la participación militar en Afganistán.
Es cierto que Francia mantiene un despliegue imperial propio en su viejo espacio colonial. Allí desenvuelve todas las “intervenciones humanitarias” que exijan sus empresas. Ha realizado estas incursiones neocoloniales en Costa de Marfil, Ruanda, Congo, Níger y República Centroafricana, considerando a esa región como una gran reserva de negocios.
Pero habitualmente actúa en sintonía con el Pentágono, a través de operaciones coordinadas que distribuyen el trabajo militar. En el caso reciente de Mali la invasión fue concretada por Francia para garantizar la provisión de uranio a su red energética. Pero el ejército norteamericano ya había adiestrado previamente a las tropas del mismo bando [23].
No sólo en África la acción imperial francesa remueve presidentes, promueve secesionismos y encubre genocidios en coordinación con la OTAN. También en Medio Oriente actúa con sus aliados occidentales, para sostener a las fuerzas reaccionarias de Libia o Siria.
Todas las rivalidades franco-americanas se procesan en el marco compartido del imperialismo colectivo. Cualquiera sea la expectativa francesa de esta acción (conservar su influencia neocolonial, su proteccionismo agrario o su excepcionalidad cultural), la asociación con Estados Unidos reduce el margen de acción de la principal potencia militar de la eurozona.
Estados Unidos incrementa su influencia sobre una Europa unificada. Piloteó la expansión de la OTAN hacia el Este promoviendo la incorporación de varios países lindantes con Rusia y logró un explícito compromiso del Viejo Continente en la “guerra contra el terrorismo”. Ha impuesto la definitiva extinción de las viejas diferencias que separaban a los conservadores de los social-demócratas en el manejo de la política exterior europea
La reciente crisis desatada por el espionaje informático norteamericano corrobora ese viraje. Snowden destapó cómo el Pentágono ausculta los secretos de sus socios europeos. Los espiados respondieron con cierta espuma mediática, pero aquietaron rápidamente el escándalo para no perturbar las operaciones conjuntas de ambas potencias.
La impotencia de Japón
La crisis global generó fuertes efectos pero no sorpresas en la economía nipona. Reavivó impactos que la tercera potencia del bloque desarrollado padece desde hace veinte años.
El prolongado estancamiento que soporta Japón le quitó centralidad económica, desde el estallido de una burbuja especulativa en sectores bancarios y de la construcción (1989). Ese temblor inició un lento proceso de restricción crediticia e inversora, que desembocó en 5 recesiones durante los últimos 15 años.
En ese período las cotizaciones del mercado bursátil Nikkei y los activos inmobiliarios se desplomaron en un 70% y el nivel de actividad se retrajo muy por debajo del promedio de Estados Unidos y Europa.
La insolvencia bancaria generó un agujero financiero que continúa absorbiendo el 40% del presupuesto estatal. La deuda total se ubica en un récord internacional de 245% del PBI y todas las iniciativas ensayadas para retomar el crecimiento han chocado con la persistente deflación. Estos resultados son vistos con gran preocupación por los gobiernos occidentales, que actualmente recurren al mismo experimento monetario.
Un nuevo intento de reactivación ha encarado el gobierno de Shinzo Abe. Lanzó planes keynesianos de gran porte, que incluyen la inyección anual de 100.000 millones de dólares (Plan Kuroda). Se propone monetizar la deuda pública, expandir el crédito barato y mantener reducidas las tasas de interés, mientras empuja la actividad económica estimulando cierto repunte de la inflación. Implementa una flexibilización monetaria muy riesgosa, con un volumen de liquidez interna que podría situarse por encima de su equivalente estadounidense.
El atisbo de crecimiento que registran ciertos analistas no alcanza para revertir el estancamiento de las últimas décadas. El nuevo plan ha impulsado el despegue de los índices bursátiles, pero no la reactivación real de la economía [24].
Las iniciativas en curso alientan también la devaluación para propiciar las exportaciones. Pero esta opción enfrenta la saturación del mercado mundial y la retracción general de compras. Japón no está en condiciones de entablar una guerra de monedas con sus competidores asiáticos, mientras mantiene irresueltos varios conflictos económicos con Estados Unidos.
Los funcionarios norteamericanos negocian desde hace varios años la liberalización comercial de la economía nipona, especialmente en los sectores más protegidos de la agricultura, el comercio minorista, la salud, la energía y las finanzas. Después de muchas negativas, el gobierno se ha resignado a negociar un tratado de libre comercio.
Japón lideró la primera oleada de exportaciones asiáticas y quedó posteriormente afectado por el ascenso de sus rivales. China y Corea del Sur han logrado mayor competitividad en varios sectores. El viejo milagro exportador nipón se está deteriorando y por primera vez desde los años 80, la economía padeció coyunturas de déficit comercial por la fortaleza del yen y la debilidad de las ventas. El encarecimiento de las importaciones de petróleo y minerales ha influido significativamente en este declive.
El peso económico de Japón se desdibuja. Por esta razón durante los picos de la crisis reciente hubo más preocupación por el contagio, que por los eventuales auxilios a Estados Unidos y Europa.
El deterioro de la competitividad nipona está influido en el largo plazo por e l envejecimiento de la población. El exabrupto de un ministro, que presentó la aceleración del fallecimiento de los ancianos como único remedio al déficit de la seguridad social, ilustra la gravedad de este problema.
E n un contexto de evidente madurez industrial Japón no cuenta con reservas demográficas para abaratar el salario. Enfrenta un fuerte escollo frente a rivales asiáticos que cuentan con gran acervo de trabajo juvenil.
También en el tablero internacional Japón actúa en espacios geopolíticos muy estrechos y se desenvuelve como un actor secundario en comparación a Europa. Está subordinado a las prioridades que fija Estados Unidos y esta marginalidad tiene serias consecuencias a la hora de concretar negociaciones comerciales o financieras.
Japón acompaña sin voz propia todas las acciones de la gestión imperial colectiva. Esta conducta se corroboró en las guerras recientes. L as fuerzas neo-conservadoras que dirigen el país reforzaron el alineamiento pro-occidental, mediante un giro armamentista que incrementó el presupuesto miliar.
Esa política condujo a la revisión de la Constitución de posguerra que restringe la acción bélica externa del país. Siguiendo las demandas de Washington fueron enviadas tropas a Irak y Afganistán y para limitar el avance de China se multiplican los ejercicios con los socios regionales de Estados Unidos (Filipinas, Malasia, Australia) [25].
El escenario japonés confirma que más allá de los matices y diferencias, la crisis global afecta a todas las economías avanzadas. ¿Pero qué ocurre con los países emergentes? ¿Han logrado sustraerse del temblor? ¿Consumaron el esperado desacople?

Bibliografía
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-Wade Robert, “Islandia como modelo exitoso”, www.pagina12.com.ar/ 27/08/2012.
-Wilno Henri, “L´Europe face”, www. europe-solidaire, 12 août 2011.

Notas:

[1] 
Claudio Katz es Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su página web es: www.lahaine.org/katz[2] -Hernández Vigueras, Juan, "El mercado de los derivados financieros sigue operando sin control", 20/2/2014,   www.clarin.comClavero, Vicente. El engaño de una mal llamada tasa Tobin 4/4/2014, www.caffereggio.net.
[3] Munevar Daniel, “Inestabilidad en los mercados emergentes: El fin de un ciclo? 19/3/2014, pensamientoscontracorrientes.blogspot.com.
[4] Ramaa Vasudevan, “La crisis de la hegemonía del dólar”, www.pagina12.com.ar, 24/09/2012.
[5] Noyola Rodríguez Ariel, Noyola Rodríguez Ulises,“La rivalidad euro-dólar”, 6-4- 2014, contralinea.info
[6] Hemos desarrollado esta caracterización partiendo de la tesis de autores como Gowan y Panitch. Katz Claudio, Bajo el imperio del capital, Luxemburg, Buenos Aires, diciembre de 2011, (cap 3). Gowan Peter, “US hegemony today”, “Imperialism Now”, Monthly Review, vol 55, n 3, July-august 2003. Panitch Leo, Leys Colin. “Las finanzas y el imperio norteamericano”. El Imperio Recargado, CLACSO, Buenos Aires, 2005.
[7] Navarro, Vincent. “La falsa alarma del abismo fiscal en Estados Unidos”, 11/1/2013 www.v navarro .org.
[8] Exponemos este tema en nuestro último libro retomando los enfoques de Anderson, Panitch y Gindin. Katz, Bajo el imperio, ( cap 3, 5, 6, 11). Los trabajos más recientes de esta visión en: Anderson Perry, “American Foreign Policy and Its Thinkers”, NLR 83, Sept-Oct 2013, Panitch Leo, Gindin Sam The Making of Global Capitalism, 2013.
[9] Gelman, Juan. “Robotizando la guerra”, www.pagina12.com.ar, 9/2/2012.
[10] Petras James, “The changing contours of US Imperial”, 22/12/2013, www.worldtruth.org.
[11] Armanian,   Nazanín.   “Arabia Saudí: el viaje más importante de Obama”, 31/3/2014, www.other-news.info/
[12] Analizamos este problema recogiendo la visión de Amin. Katz, Bajo el imperio ( cap 4). Una actualización en: Amin, Samir. El imperialismo colectivo : Desafíos para el Tercer Mundo, 19/8/2013, fisyp.org.ar  
[13] Zibechi, Raúl. “Hacia un mundo desamericanizado”, 14/9/2012, hunna.org/el-ir- a -las-cosas-de-la-política, paginaglobal.blogspot.com. Meyssan, Thierry. “H acia un mundo sin Estados Unidos”, 15/10/2013, www.voltairenet.org/article. Sapir, Jacques. El nuevo siglo XXI, El Viejo Topo, 2008, Madrid, (pag 16, 62-63,65-67, 84, 88).  
[14] Kundnani, Hans. “ Deconstruyendo el llamado milagro alemán”, 6/2/2014, w ww.pagina12.com.ar
[15] Beck, Gunnar “El experto prevé que el bloque europeo”, 29/6/2012, www.pagina12.

[16] Ntavanellos, Antonis ¿Podremos avanzar hacia la constitución de comités?, 25/10/2013, www.vientosur.info
[17] Esta reconsideración de la dinámica centro periferia en: Husson, Michel. “Economíe politique du systeme euro”, Inprecor, 585-586 août-septembre 2012. Toussaint, Eric. “Contradicciones Centro Periferia en la Unión Europea”, 12/11/2013, www.isepci.org.ar

[18] Goddin, Roger. Quelques elements trop peu connus du neoliberalisme, 30-3-2014 www.avanti4.be

[19] -Anderson, Perry. The New Old World, Verso, London, 2009. (pag 110-115, 48, 476-480, 24, 98-105, 130-132, 118-123)

[20] Mann, Michael. “Estados nacionais na Europa en outros continentes”, en Gopal Balakrishnan , O Mapa Questao Nacional, Sao Paulo, 2000, Editorial Contrapunto.

[21] Durand, Cédric “ The strategies of the ruling class and the "austeritarian" program in Europe” , Third IIRE Seminar on the Economic Crisis. Amsterdam, 15-2-2014.

[22] Wiesbrot, Mark. “En el reino de los ciegos”, Página 12, 23/1/2014.

[23] Martial, Paul. “Sobre la intervención francesa” www.kaosenlared.net/. 04/02/2013. Ramonet, Ignacio “¿Qué hace Francia en Mali?”, www.rebelion.org 02/02/2013.
[24] Roberts, Michel. Japón: el triple empujón de Kuroda, 14/ 4/ 2013, www.sinpermiso

[25] Kessler, Christian. El regreso militar de Japón, 15/6/2013, lahistoriadeldia.wordpress.

martes, 6 de mayo de 2014

SITUACION DE LOS TRABAJADORES ARGENTINOS


A propósito del 1 de Mayo
Datos oficiales sobre la situación de los trabajadores argentinos



Resulta interesante, a propósito de la celebración del día internacional de los trabajadores, evidenciar algunos datos referidos al empleo y los salarios en la Argentina, que surgen de un estudio de la FISYP. [1]En el trabajo se señala que la información proviene de la EPH-INDEC, la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, con datos para el cuarto trimestre de 2013 y refieren a la situación de los trabajadores asalariados.
Del estudio surge que sólo el 49,4% de los asalariados es a la vez ocupado pleno o a tiempo completo, o sea, que trabaja más de 35 horas semanales y está registrado.
· Que la mitad de los asalariados gana menos de $4.500 por mes en su ocupación principal.
· Que el 33,5% de los asalariados no está registrado por su empleador, dando cuenta de la permanencia de una situación de impunidad empresarial que persiste en no registrar a sus trabajadores y privarlos de seguridad social.
· Que el 81,2% de los asalariados no registrados gana menos de $4.500 por mes en su ocupación principal.
· Que el salario promedio de los trabajadores no registrados es de $2.903 por mes. El de los no registrados, pero plenos o a tiempo completo, o sea que trabajan más de 35 horas semanales es de $3.745.
· Que el ingreso medio de la ocupación principal de distintos grupos de trabajadores asalariados es de $5.050 al mes.
Ese promedio es resultado de:
· Asalariados Plenos $5.859;
· Varones $5.738 y mujeres $4.182;
· Trabajadores Estatales $6.204;
· Trabajadores Privados $4.758;
· Trabajadores Registrados $6.133;
· Trabajadores No Registrados $2.903;
· Trabajadores Registrados y Plenos $6.652;
· Trabajadores no registrados y pleno $3.745.
Son datos promedios que evidencian la precariedad de ingresos de los trabajadores asalariados y la persistencia de la impunidad empresarial que niega seguridad social a un tercio de los trabajadores.
El conjunto de datos oficiales referencia la base material que justifica la demanda de los trabajadores por mejorar el ingreso y las condiciones de empleo en la Argentina.
En otro trabajo de la Fisyp [2] se destaca la “recuperación del empleo” en la década transcurrida desde 2002, aunque “asentado sobre dos aspectos que se han demostrado constitutivos e imprescindibles para la sostenibilidad del modelo: un nivel de precarización muy elevado y trabajo “en negro” (no regularizado por impunidad empresaria) en niveles inéditos para períodos de bonanza económica”.
El caso del Estado Nacional es interesante, ya que “a junio de 2013 un 15,7% de sus empleados estaba bajo el formato de “contratados”, constituyéndose en uno d
e los empleadores que apuntala la situación de precariedad laboral.”
Sobre el trabajo “no registrado” se sostiene que “aparece como una necesidad del modelo económico vigente”, por ser un dato estructural con límites a la baja desde el 2008.
El informe da cuenta de una diferenciada “recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores en la última década”, siendo “Para el sector privado registrado....del 32%...” mientras que “los trabajadores no registrados....apenas han incrementado su capacidad de compra”.
Se señala que “El poder adquisitivo del salario se encuentra, en la actualidad, en niveles comparables con el que tenía un trabajador promedio a fines de la década del ´40, lejos del punto máximo de 1974”.
El estudio señala a propósito de la política social masiva que “a pesar del alto nivel de empleo existente, los salarios son lo suficientemente bajos como para que se requiera una transferencia importante del Estado para terminar de conformar los ingresos de los sectores populares, incapaces sin esta ayuda de afrontar sus necesidades cotidianas.”
Se concluye destacando “deudas” en este periodo “la precarización laboral, el empleo no registrado y el bajo poder adquisitivo del salario”, en tanto “necesarios para el sostenimiento de un modelo económico que no ha transformado estructuralmente el tipo de empleo que se crea en la Argentina.”
Son estudios que requieren ser discutidos más allá de ideologismo o concepciones propagandísticas sobre el resultado en condiciones de vida de estos años transcurridos luego de la crisis del 2001/02, especialmente para pensar en una estrategia emancipadora desde los trabajadores.
Notas
[1] Germán Pinazo, Guido Saccal y Arnaldo Ludueña. “Algunos datos sobre el salario y las condiciones de trabajo en la Argentina actual.” Área de Economía Política de la Fisyp – Proyecto ATE. www.fisyp.org.ar
[2] Julio Gambina, Germán Pinazo, Guido Saccal y Arnaldo Ludueña. Equipo de Investigación ATE-FISYP. “Los ingresos de los trabajadores y el rol del estado, una década después.” FISYP – Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, www.fisyp.org.ar
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 3 de mayo de 2014

PERIODISMO Y PROPAGANDA

Periodismo y Propaganda
En esta columna, Darío Aranda escribe sobre una realidad en la que coinciden medios "oficialistas" y "opositores". Particularizando en dos tipos de periodismo económico afirma:"los periodistas del agro nunca visitan a familias campesinas, blanco de fumigaciones y desalojos. Los periodistas petroleros nunca asoman la nariz en las comunidades mapuches con metales pesados en sangre y muertos producto del accionar petrolero. El periodismo de escritorio valora distinto el padecer de una clase media urbana (del que se sienten par) que el sufrir de un campesino o de un indígena".

Por ANRed - L (redaccion@anred.org)



La gran corporación del agro mundial anuncia que venderá una nueva semilla de soja, con más agroquímicos y, promete, “más productiva”. Una larga hilera de periodistas repite el discurso empresario y celebra la nueva soja. No les importa la forma irrisoria de aprobación de transgénicos y agroquímicos (en base a estudios de las mismas empresas) ni mencionan la dependencia que genera al productor, ni mucho menos dan cuenta de las consecuencias, desalojos rurales, desmontes, empobrecimiento de suelos. Se suelen autodenominar “periodistas agrarios” o, más pomposo, “del campo”.
A su imagen y semejanza crecen sus hermanos menores, los periodistas “del petróleo”. Aún no se autodefinen así, pero repiten el discurso empresario que disfraza al fracking como una técnica segura, repiten a coro que “no se afectarán fuentes de agua”, ocultan los desastres ambientales en todo el mundo de las mismas multinacionales que llegan al país. Y hasta justificaron en 2013 la feroz represión de la policía neuquina frente a la legislatura provincial. Combinación de mala praxis y complicidad.
Periodistas que celebran el pago de 5.000 millones de dólares a Repsol y no mencionan el vaciamiento empresario ni el enorme pasivo ambiental, que podría disminuir radicalmente la tasación. Periodistas que amplifican sin chistar la voz empresaria y silencian (o chicanean) la violación de derechos humanos de la que son víctimas los pueblos indígenas. Periodistas que llaman despectivamente “ambientalistas” a madres fumigadas que vieron morir a sus bebés, a militantes que defienden su lugar de vida frente al avance minero, a familias enteras que no quieren ser desalojadas por represas o forestales.
Coincidencia I: las corporaciones (agropecuarias e hidrocarburíferas) distribuyen generosas pautas en programas de radio y cable. La pauta no compra la línea editorial, pero sí la condiciona. Las voces críticas ya no aparecen como antaño, o directamente ya no aparecen.
Coincidencia II: los periodistas del agro nunca visitan a familias campesinas, blanco de fumigaciones y desalojos. Los periodistas petrolerosnunca asoman la nariz en las comunidades mapuches con metales pesados en sangre y muertos, producto del accionar petrolero. El periodismo de escritorio valora distinto el padecer de un clase media urbana (del que se sienten par) que el sufrir de un campesino o de un indígena.
La línea editorial de los medios es clara. Pero a ningún periodista se lo obliga a decir lo que no cree o, peor, nadie los obliga a mentir. Los periodistas no pueden alegar obediencia debida para ocultar lo que pasa. ¿Por qué un periodista repite el discurso de las multinacionales del agro e invisibiliza las consecuencias de ese modelo? ¿Qué lleva a un redactor a mimetizarse con un jerarca petrolero y a chicanear a un vocero mapuche que relató cómo las compañías arrasaron su territorio y diezmaron a su pueblo?
Los periodistas agrarios y petroleros son parte del modelo extractivo que comandan corporaciones y gobiernos. Ese modelo requiere sacrificar territorios, y requiere sacrificar también las vidas que resisten en esos territorios.
Durante la reciente lucha docente, el colega y docente de periodismo Adrián Figueroa Díaz fue hasta la médula del problema: “El periodismo oficialista y opositor defiende los intereses del poder político y publicitario/empresario. ¿Por qué? Porque no lo cuestiona. ¿Por qué? Porque vive de ellos. ¿Por qué? Porque no les importa una lucha que le es ajena y desconocida. ¿Por qué? Porque casi ninguno de esos presentadores de noticias y editorialistas da ninguna lucha. Y esta cuestión clasista dentro de la profesión se evidencia en la moralina de cuarta del clasemediero básico que utilizan. Los medios y los periodistas más publicitados se ratifican como reaccionarios de las luchas sociales”.
Entre los aciertos de los últimos años sobresale el debate sobre el rol de los grandes medios de comunicación. Ha quedado claro para toda la sociedad, quizá como nunca antes, que se trata de empresas que privilegian sus intereses económicos y políticos por sobre cualquier otro valor.
Lo que sigue pendiente, y urge discutir, es el rol individual de los periodistas de esos medios. No sólo de las “grandes firmas”, sino de todos los que somos parte de esos medios. Los trabajadores de prensa nos debemos una autocrítica profunda y de cara al pueblo. Sobre todo se la debemos a quienes padecen la violación de derechos y no encuentran eco en los periodistas. Y la autocrítica también se la debemos a la nueva generación de colegas, para que tengan claro que los periodistas no somos voceros del poder político ni del poder económico.

Fuente: ComAmbiental

viernes, 2 de mayo de 2014

LA HUELGA MAS GRANDE DE CHINA

La huelga más grande en China aterra al capitalismo transnacional
Desde hace 12 días, los 48 mil trabajadores y trabajadoras de la fábrica de calzado para Nike y Adidas del gran grupo Yue Yen están en huelga en dos de las principales fábricas de China. Se declararon en paro para exigir el pago de los atrasos de las contribuciones a la Seguridad Social, un aumento significativo del salario y la firma de contratos legales, después de descubrirse que la empresa hizo que los trabajadores firmaran contratos falsos.
Los trabajadores de la empresa Yue Yuen, el mayor fabricante de la industria del calzado de China, proveedora de 60 marcas internacionales como Nike, Adidas, Timberland, Reebok, Asics y New Balance, acaban de protagonizar una huelga de dos semanas que fue caracterizada por el South China Mornig Post del 26/04 como “una de las huelgas más grandes desde las reformas de mercado iniciadas a principios de los setenta”. Mas de 40.000 mil trabajadores fueron a la huelga en siete fábricas por un conflicto que se inició cuando una obrera, que había trabajado durante 18 años en la compañía, no recibió su pensión jubilatoria completa. A partir de este incidente salieron a la luz denuncias de que la compañía no realizaba sus aportes para la seguridad social y médicos, subsidios a la vivienda e indemnizaciones por lesiones. La huelga fue fulminante, paralizó la ciudad de Donggguan, e incluyó una movilización de miles que terminó con una dura represión y el encarcelamiento de veinte trabajadores. Ninguna de las maniobras patronales pudo doblegar la lucha que concluyó con el compromiso de la empresa a pagar las contribuciones sociales atrasadas. - See more at: http://prensa.po.org.ar/po1312/2014/04/30/noticiero-internacional/#sthash.btIqX6W6.dpuf

Por ANRED - C (redaccion@anred.org)



La empresa respondió con la oferta de un magro aumento salarial y un subsidio que fue rechazado por las asambleas de trabajadores. La amplitud y duración de esta acción con la misma convocatoria de huelga representa un punto de inflexión histórico en la formación del capitalismo global. Hay una serie de razones por las que esta crisis es aterradora no sólo para los empresarios proveedores chinos, sino también para el capitalismo global.
El grupo Yue Yen tiene su origen en Taiwan y fue creado en 1969 por la familia Tsai. Desde el principio se centró esencialmente en las zapatillas de deporte. En 1988 la familia se instala en Hong Kong y establece sus primeras fábricas en la República Popular de China, en la provincia de Guangdong. Es el tiempo de las reformas de Deng Xiaoping y las negociaciones con Margaret Thatcher con Hong Kong. El grupo también está, desde ese año, en la Bolsa de Hong Kong.
Al mismo tiempo, los Tsai disponen de una participación significativa en la firma de distribución de calzado deportivo y productos similares con el nombre de Pou Chen Corporation. Cotiza en la Bolsa de Taipei. En la década de los 2000, Yue Yen llegó a tomar el control completo de Pou Chen. Compró Pro Kingtex, que tiene fábricas en China y México, luego en 2005 Eagle Nice. Su expansión a través de adquisiciones y reorganizaciones de la producción continúa.
Actualmente es el grupo mundial más grande en todas las líneas de calzado deportivo. Yue Yen da trabajo a 423.000 empleados en todo el mundo. Posee fábricas y centros en China (cinco en total) así como en Camboya, Vietnam, Bangladesh, Indonesia, México y Estados Unidos. Yue Yen produce para grandes marcas como Nike, Adidas, Reebok, ASCIS, New Balance, Puma, Under Amour, Salomon y Timberland. Los precios cobrados por las grandes marcas – con la huelga, Adidas acaba de cambiar de proveedores en China – Yue Yen indica que la respuesta a esta presión se hizo en 2013, por un lado localizando volúmenes de producción en aquellos sitios que permiten jugar con la depreciación de la moneda, y por otra parte, sobre un aumento de la productividad (en el sentido de la productividad “racionalizada” técnicamente) y de una intensificación del trabajo (duración, jornada laboral sin “tiempos muertos”).
Hay que señalar en este punto que de 2012 a 2013 el grupo ha reducido el total de sus empleados de 460.000 a 423.000, mientras que producción de todo 2013, en los 12 meses, ha aumentado ligeramente en relación a 2012.
La huelga arrancó en Dongguan, ciudad en el sureste de China. Se trata de la huelga convocada por el mayor número de trabajadores y trabajadoras en la historia de la República Popular China. Yue Yen no ha pagado las cotizaciones para la pensión y para el fondo de adquisición de una vivienda. A esto hay que sumar que un buen número de empleados siguen teniendo contratos a tiempo parcial después de años de trabajo, parte de la política de intensificación del trabajo que elimina las cotizaciones sociales.
El otro método para “reducir el coste de trabajo” es el siguiente: sobre un sueldo de 480 dólares, Yue Yen paga “sus cotizaciones” tomando como cantidad de referencia 288 dólares. Todo esto lleva a que las pensiones percibidas estén por debajo del nivel de la pensión considerada legal, que es miserable. Por último, se añade la exigencia de reajuste salarial ligado a la subida de los precios, que es de 37 dólares.
Según un reportaje de NBC News y las informaciones de China Labour Watch, los salarios de 1,7 dólares la hora son muy comunes. Para alcanzar los 400 dólares mensuales, la semana de trabajo de 60 horas es por lo tanto más que obligatoria.
La huelga comenzó el 13-14 de Abril. Para no sufrir una represión demasiado brutal, los trabajadores fichan por la mañana y luego bien se manifiestan un tiempo delante de la fábrica y vuelven a sus hogares. Dada la ausencia de un sindicato independiente, las estructuras de ayuda a los propios trabajadores y trabajadoras juegan, en parte, un papel de instrumento sindical equivalente, y un comité de organización les presta ese servicio.
Desde el 22 de Abril, cuando la huelga se extendía a la segunda fábrica más importante del grupo, la policía arrestó a dos representantes del comité, registró sus locales y llegó a incautar los ordenadores. El 25 de Abril uno ha sido liberado. Sin embargo, se negó a firmar una orden conminándole a no acercarse a la fábrica y no apoyar la huelga. El otro todavía está en prisión en un “lugar desconocido”. La policía “visita” los domicilios de los huelguistas para intimidarlos. El resultado parece por ahora poco eficaz.
Los trabajadores han rechazado el acuerdo propuesto por la dirección. Esta última se comprometía a pagar las cotizaciones a partir del 1º de mayo de 2014. El temor de que nunca se pagaran las cotizaciones pendientes motivó el rechazo. De hecho, las sumas que debe Yue Yen alcanzan la cantidad de entre 3200 y 4800 dólares para una gran parte de los empleados, siendo a menudo más de un año de sueldo. Frente a esta situación, los trabajadores y trabajadoras decidieron continuar la huelga hasta el primero de Mayo. En la República Popular China, el 1 de este mes es también una “fiesta del trabajo”. Esta fecha parece querer ser conmemorada de una manera radicalmente diferente por el conjunto de los empleados de las fábricas de la familia Tsai, en Guangdong, y por el camarada-presidente Xi Jinping, también secretario general del comité central del Partido Comunista y por tanto a la cabeza de la “fábrica del mundo”.
http://www.lcr-lagauche.org/chine-l...
Razones por las que la huelga es temida a nivel transnacional
En primer lugar, es la mayor huelga en la China moderna. Hasta ahora no ha habido una huelga de estas dimensiones y magnitud en el país. Si bien las huelgas terminan en cuanto se obtiene respuesta a las reivindicaciones sobre un determinado asunto, esta huelga es indefinida y escalonada: una especie de negociación colectiva a través del motín. Aquí las reivindicaciones son más estructurales; los trabajadores rechazaron las migajas de la mesa de los patrones y la protesta se extendió a las provincias vecinas.
Los cambios en la producción china pueden llegar a tener repercusión en la producción mundial. Como señaló Jacques Rancière: “La dominación del capitalismo a nivel global depende de la existencia de un Partido Comunista Chino que proporciona a las empresas capitalistas deslocalizadas mano de obra barata y precios bajos, privando a los trabajadores de su derecho a la autoorganización”. Debido a las huelgas, el salario medio en China ha subido un 17% por año desde 2009 y hoy es ya cinco veces mayor de lo que era en 2000, a pesar de poder ser considerado esclavista. La generalización de huelgas de esta dimensión sin precedentes sólo servirá para profundizar la crisis para el capitalismo industrial.
Una segunda razón es que la represión estatal china se ha atenuado. Aunque claro que se han producido detenciones en Yue Yuen, en los últimos años el estado chino ha estado menos dispuesto a reprimir como hacía las manifestaciones que en décadas anteriores. Debemos entender esto como una decisión política calculada con un fin meramente económico.
Un informe de 2012 del FMI señalaba que la economía china atravesaba un proceso de reorientación en la inversión interna y en una transición que se aleja del crecimiento inducido por las exportaciones. Si este paso se hace correctamente, se profundizará en la crisis de rentabilidad y acumulación en la “economía real”, al menos en corto plazo, para el capitalismo internacional. El capital depende del estado chino para continuar su papel de comprador y una salida de esta configuración mina sus cimientos.
Una tercera y poderosa razón es la huelga de los empelados de Yue Yen se ha hecho global. Las organizaciones locales en la provincia de Guangdong y Hong Kong, que ha apoyado a los trabajadores en huelga, hicieron un llamamiento a sus aliados internacionales para actuar en el sentido de obligar a Adidas a intervenir y asegurar que las reivindicaciones sean aceptadas. Desde el 23 de Abril las acciones se han extendido por el mundo, de Taiwan a Melbourne, San Francisco, Los Ángeles, Chicago, Milwaukee y Nueva York. El día 25 se realizaron protestas en tiendas de Adidas en Manchester, Oxford y Londres.
Fuente: www.esqueda.net

jueves, 1 de mayo de 2014

La grotesca feria de Wall Street





La guerra del opio – Para entender NARCOTRAFICO SA.




MEJICO otro ejemplo...por qué será tan parecido?

Es necesario un cambio radical



Los Santa Anna de nuestros tiempos casi completaron la destrucción de la soberanía e independencia de México al entregar Pemex a las petroleras extranjeras y con las leyes antiobreras y antipopulares que eliminan derechos históricos y golpean duramente el poder adquisitivo de los trabajadores y los pobres reduciendo así el nivel de vida y cultural y las condiciones básicas para una relación social civilizada.
El resultado de esas políticas al servicio del gran capital financiero internacional es un brutal crecimiento de la diferencia de la pobreza y la miseria extrema y de las diferencias sociales, el cierre de las perspectivas para los jóvenes- que deben optar entre el desempleo, la emigración o la delincuencia-, la aceptación como si fuesen fatales y naturales de los valores, las lacras y la ideología de los explotadores nacionales y extranjeros y, por último, una total dependencia de Estados Unidos.
El Estado funciona gracias a los impuestos de Pemex y a la exportación de recursos naturales no renovables como el petróleo y con su entrega mata la gallina de los huevos de oro.
 Debido a la destrucción del campo y la emigración masiva casi un 60 por ciento de los alimentos quese consumen en México se pagan con la exportación de combustibles y de bienes agrícolas e industriales que las transnacionales producen aprovechando la superexplotación de los trabajadores nacionales. 
La entrega de Pemex no sólo significa, por lo tanto, reducir los recursos para la sanidad, la educación, la vivienda, las carreteras y los servicios indispensables para una vida civilizada.
Esa cesión de un bien común cada vez más escaso y potencialmente más cotizado es sobre todo un golpe durísimo contra el trabajo de los mexicanos y el abandono oficial de la preparación del cambio tecnológico en la producción de energía que será indispensable realizar dentro de un par de decenios una vez que se acaben los recursos petroleros. 
Los nuevos Santa Anna – del PRI, como Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Enrique Peña Nieto o del PAN, como Vicente Fox o Felipe Calderón y sus siervos de otros partidos- han vendido también el futuro del país.
Desgraciadamente, como muestran los resultados electorales y la abstención o los votos a los grupos políticos procapitalistas, una buena parte de la población mexicana ha hecho suya la ideología de sus explotadores y no tiene aún conciencia de la gravedad de la situación ni de las implicaciones de las políticas de las clases dominantes, se resigna desmoralizada o a busca una salida individual dentro del sistema mediante la emigración o la delincuencia.
Otro gran sector, más activo y crítico pero no anticapitalista, espera en cambio poder modificar esas políticas mediante movilizaciones para poner otro equipo en Los Pinos y en el Parlamento y cree todavía que podría existir un capitalismo con orientaciones sociales y relaciones más justas y que reduzca las desigualdades, algo así como un tigre vegetariano.
 Otros, por último, reaccionan y actúan militantemente en la lucha social, en su territorio, como campesinos o trabajadores rurales o en las luchas estudiantiles o democráticas puntuales, sin que exista todavía la indispensable coordinación nacional de todos esos esfuerzos y conflictos ni un unificador proyecto político común.
El capitalismo es un sistema mundial que se basa en la explotación del trabajo ajeno y en el aumento de las ganancias empresariales reduciendo los salarios reales, la organización y las conquistas de los trabajadores. 
El capital se dirige a las ramas de la economía que le dan mayores ganancias (como el narcotráfico, la guerra y la prostitución, por ejemplo, en vez de la agricultura).
 No podría vivir sin dominar la mente de sus víctimas y por eso tiene que engañar con su TV y sus diarios y mantener aplastada y en la ignorancia a la mayoría que explota y oprime. 
No puede tolerar la paz porque resuelve sus conflictos y contradicciones internas mediante el despojo, la violencia, la guerra.
Por consiguiente la justicia, la supresión de las desigualdades, de la desocupación y de la pobreza sólo serán posibles en un sistema social no capitalista democrático dirigido por los trabajadores manuales e intelectuales y apoyado en resoluciones colectivas.
Las empresas que los trabajadores recuperan en autogestión o como cooperativas, los grupos de autodefensa territoriales en las zonas rurales, las policías comunitarias nombradas y controladas por asambleas, los intentos de construcción de regiones autónomas regidas asambleariamente y las milicias urbanas son formas de poder que se contraponen al poder del capital y de su Estado. Expresan la viabilidad de la autorganización democrática para la lucha así como la difusión en diferentes zonas del país de la decisión de obtener la liberación de los trabajadores por obra de los trabajadores mismos. Por eso deben ser defendidas contra los intentos del Estado capitalista de cooptar algunas direcciones, de dividirlas, de desarmarlas.
El México de los oprimidos y explotados necesita hoy unificar todas sus organizaciones autónomas y unirse detrás de la exigencia de un aumento general de salarios que satisfaga las necesidades en alimentación, salud, educación, servicios de calidad. Necesita generalizar la lucha por barrer a los charros sindicales con la democracia sindical y el control de las bases sobre los aparatos. Necesita imponer una política de sostén a la producción campesina y un plan que asegure la soberanía alimentaria. Requiere un combate cada vez más amplio y sostenido que permita anular la entrega de Pemex y las reformas reaccionarias a la Ley Federal del Trabajo. Pero, sobre todo, para que la resistencia sea más eficaz, es necesario que todos los esfuerzos se unan detrás de un partido de los trabajadores, no electoralista sino de lucha.ME

Los Mártires de Chicago - HISTORIA del 1ro de MAYO

DE QUE LADO ESTAS Natalie Merchant

AQUELLOS QUE NO RECUERDAN EL PASADO ESTAN CONDENADOS A REPETIRLO



Vienen todos  buenos trabajadores,
Buenas noticias para contarles
De cómo el buen viejo sindicato
Ha venido aquí para habitar.

De qué lado estás?
De qué lado estás?
De qué lado estás?
De qué lado estás?

Mi papá era un minero
Y yo hijo de minero,
mi palo con el sindicato
hasta que cada batalla se gane.

Ellos dicen, en el Condado de Harlan
No hay neutrales;
Usted sera un hombre de la union,
O un matón por J. H. Blair.

Oh, los trabajadores se puede soportarlo?
Oh dime cómo usted puede.
Va a ser una piojosa costra
O va a ser un hombre?

no sea quiebra huelgas para los jefes,
no escuche sus mentiras.
Nuestra pobre gente no tiene oportunidad 
A menos que nos organicemos.

Come all of you good workers,
Good news to you I'll tell
Of how the good old union
Has come in here to dwell.

Which side are you on?
Which side are you on?
Which side are you on?
Which side are you on?

My daddy was a miner
And I'm a miner's son,
And I'll stick with the union
'Til every battle's won.

They say in Harlan County
There are no neutrals there;
You'll either be a union man,
Or a thug for J. H. Blair.

Oh workers can you stand it?
Oh tell me how you can.
Will you be a lousy scab
Or will you be a man?

Don't scab for the bosses,
Don't listen to their lies.
Us poor folks haven't got a chance
Unless we organize.

DIA DEL TRABAJADOR, 1 de MAYO, SIGNIFICADO ACTUAL

El significado actual del 1 de Mayo

por iñaki gil de san vicente
El significado actual del 1 de Mayo

1.- HECHOS
El 1 de mayo de 1886 se inició una huelga obrera en Chicago para reducir a ocho horas diarias el tiempo de trabajopara exigir que los patrones cumplieran con la ley impulsada por el presidente Andrew Johnson, que había establecido la jornada de ocho horas de trabajo.Esta huelga era parte de un amplio movimiento de las masas obreras y populares en los EEUU para reducir la durísima jornada de trabajo que llegaba hasta las 12 y 16 horas durante seis días a la semana,  en muy penosas condiciones laborales, con disciplinas muy duras, con despidos inmediatos, con abusos de todas clases incluidos los sexuales contra las trabajadoras, con explotación infantil, sin derechos sociales ni políticos, sin cobertura sanitaria pública, etcétera. Condiciones espantosas que también se  sufrían en la Europa del momento, impuestas a la fuerza desde los orígenes mismos del capitalismo industrial a finales del siglo XVIII en Inglaterra e incluso antes, en el capitalismo manufacturero, impuestas muchas veces con la intervención militar salvajeEn 1868 el movimiento obrero había logrado gracias a muy duras luchas anteriores conquistar  la jornada de 8 horas pero solo para un sector de la clase: el explotado en las empresas públicas y servicios estatales, aunque la patronal boicoteó esa ley todo lo que pudo. Y en 1874 se redujo la jornada a 8 horas a otras franjas obreras.
Alrededor de 340.000 trabajadores secundaron las huelgas y movilizaciones; trabajadores de todas las ramas productivas y de servicios, de sexos y edades diferentes, con culturas, lenguas y tradiciones diversas que no impidieron que las masas explotadas construyeran la unidad de clase del trabajo frente a la unidad de clase del capital, la unidad obrera frente a la unidad burguesa. 
La reacción patronal fue atroz, movilizando recursos militares y policiales del Estado, empresas privadas especialistas en la represión selecta con sicarios asesinos y con sindicatos mafiosos de revienta-huelgas, esquiroles y «amarillos» traídos de otras regiones y del lumpemproletariado, con despidos, multas y desahucios masivos de los huelguistas expulsados de las casas de las empresas y echados a la calle con sus familias, con los sermones pacifistas e interclasistas de las sectas cristianas, con la propaganda agresiva de la prensa exigiendo mano dura y represión.
Las grandes patronales recurrieron a casi todo para aplastar al trabajo, sólo le faltó  poner en marcha un golpe militar e instaurar una dictadura de clase, cruda y desnuda, abierta, como ya había aprendido a hacerlo en las Américas y como haría luego contra tantas naciones trabajadoras del mundo. No lo hizo en este caso porque aún disponía de otros instrumentos menos salvajes y más efectivos en ese nivel de radicalización de la lucha de clases, instrumentos como la supuesta «democracia norteamericana» y sus elecciones periódicas, la ley y la justicia, los tribunales, el parlamento, etcétera. Si bien es cierto que todavía entonces amplias masas explotadas no podían «disfrutar» de la democracia en el mismo sentido que la clase dominante, no es menos cierto que este sistema de dominación tan efectivo por su invisibilidad tenía arraigo en la conciencia alienada de las masas. También disponía de otros recursos de sujeción mental y de obediencia colaboracionista, anulando la conciencia crítica y libre. Además, el hecho de que ya en 1868 y 1874 se habían logrado victorias legales a favor de las 8 horas, incumplidas por la patronal, fortalecía el lmaginario parlamentarista y legalista, lo que unido a concesiones significativas sobre las 8 horas en algunas ciudades, más el miedo a más duros golpes represivos, terminó paralizando la oleada de luchas.
Pero la justicia burguesa no se detuvo. Además de haber asesinado y herido a decenas de obreros en las represiones, necesitaba «sangre cualitativa» para aterrorizar a los sectores más conscientes y organizados.  
En una manifestación, tras un hecho confuso, estalla una bomba dando muerte a agentes policiales. Los dirigentes anarquistas son apresados y, a través de un juicio cargado de pruebas falsas, condenados a la horca. 
La policía, que había avasallado y saqueado sedes sindicales y de organizaciones obreras, que se había apoderado de documentos y actas, que había arrancado declaraciones y confesiones atemorizadas, se volcó en la represión especializada sobre ese reducido grupito acusado de dirigentes terroristas, condenando a cinco de ellos a la pena de muerte.  
Ocho de ellos fueron elegidos como chivos expiatorios y, en un proceso cargado de fraudes judiciales, condenados a muerte. A Samuel Fielden, inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil; Michael Schawab, alemán, 33 años, tipógrafo; se les conmutó la pena por cadena perpetua y a Oscar Neebe, estadounidense, 36 años, vendedor, por quince años de prisión.

A Louis Linng, alemán, 22 años, carpintero, se le fraguó un suicidio en la celda, con un cartucho de dinamita en la boca. Y fueron ahorcados Georg Engel, alemán, 50 años, tipógrafo; Adolf Fischer, alemán, 30 años, periodista; Albert Parsons, estadounidense, 39 años, periodista y Hessois Auguste Spies, alemán, 31 años periodista.

Posteriormente, al cambiar el gobernador del Estado de Illinois, en el que está la ciudad de Chicago, se promovió un nuevo juicio, que demostró que el anterior había sido un fraude total.


Durante el año y medio transcurrido de mayo de 1886 anoviembre de 1887 la burguesía y su Estado habían tenido tiempo para dividir al movimiento obrero y popular con la clásica política de la zanahoria para los desertores y el palo para los resistentes, así que apenas tuvo problemas para controlar las manifestaciones de protesta por los asesinatos legales.
2.- PRIMERA LECCIÓN:
Durante los 128 años transcurridos desde que las luchas obreras dieron el salto a la gran movilización de aquél 1 de mayo, el capitalismo ha pasado por varias fases o formas concretas pero se ha mantenido esencialmente el mismo, tanto que desde finales del siglo XX se ha lanzado a reinstaurar aquellas formas de explotación pero con los medios actuales. Como hemos visto, en 1868 y 1874 el Estado legalizó las 8 horas de trabajo aunque la patronal se opuso e incumplió esa ley. En el mismo 1º de mayo de 1886 se legalizaron las 8 horas en muchos lugares mediante acuerdos entre las burguesías y el Estado, pero en otros no. En Europa también se produjeron las mismas contradicciones no antagónicas entre el Estado, representante de la burguesía en su conjunto, y algunos grupos capitalistas que no querían ceder en nada y sí mantener una explotación salvaje.
La experiencia demostró que, en aquellas condiciones, la productividad media aumentaba si se reducía la duración del trabajo pero se aumentaba su intensidad, es decir, si con menos tiempo de trabajo se producía más y mejor y encima disminuía la protesta obrera. 
Por otra parte, en aquél contexto, reducir el tiempo de trabajo manteniendo el salario permitía que la clase obrera descansara más, dispusiera de más tiempo de ocio y consumo burgués y se integrase más en el sistema, acelerando así el circuito entero de producción, distribución, consumo, realización y acumulación ampliada.
Si bien estas tensiones intraburguesas han reaparecido en situaciones similares, como se ve con la experiencia keynesiana y en parte con el toyotismo y algunas formas de producción flexible, sin embargo, a raíz de las tremendas dificultades del capitalismo imperialista para salir definitivamente de la crisis iniciada a finales de la década de 1960 pese a todos los esfuerzos monetaristas y neoliberales lanzados desde 1973-75, y a pesar de los puntuales repuntes transitorios siempre fracasados, desde entonces la burguesía imperialista ha optado abiertamente por aumentar el tiempo de trabajo y por incrementar la intensidad de la explotación. 
Ha optado también por acabar con cualquier autonomía del Estado convirtiéndolo en un perro fiel que cumple sin dudar las órdenes de las grandes corporaciones financiero-industriales.
Quiere esto decir que el movimiento obrero debe rechazar la mentira del «Estado del Bienestar», del «Estado benefactor», para comprender que ya ha pasado para siempre la fase en la que el Estado burgués podía atender sustancialmente a las necesidades de la clase explotada. 
Las muy reducidas medidas recientes del gobierno alemán para aumentar el salario directo e indirecto, controlar los precios de los alquileres, impulsar el consumo, etc., no buscan beneficiar al pueblo trabajador empobrecido y cada vez más furioso tras años de austericidio, sino sólo desatascar cuanto antes tapones y nudos que obturan y frenan la expansión del poder euroalemán, nada más. 
Por otra parte, el caso alemán es excepcional y se basa en las gigantescas ganancias acumuladas por su burguesía, lo que le permite jugar al gato y al ratón con los sindicatos, pero otras burguesías imperialistas relativamente poderosas, como la francesa, no pueden hacerlo y han obligado a la socialdemocracia a aplicar recortes sociales escalofriantes.
Solamente cuando el pueblo trabajador dispone de un gobierno y de un Estado dispuestos a enfrentarse a la burguesía propia y mundial, sólo entonces puede confiar en que ese poder político actuará en defensa suya. Pero esa confianza debe estar asentada en la experiencia diaria y en la capacidad de autoorganización del poder popular y trabajador fuera del Estado, libre de sus tentáculos. Todo Estado, incluido el obrero y popular, está en peligro de corrupción interna, y el burgués está corrupto en sus entrañas. Por esto el movimiento trabajador ha de organizarse fuera del Estado, aunque sea suyo, para dirigir desde fuera –también desde dentro- la lucha por la reducción drástica del tiempo de trabajo explotado, una reivindicación revolucionaria por esencia.
3.- SEGUNDA LECCIÓN:
La clase trabajadora norteamericana logró decisivas conquistas gracias a su capacidad de asentar una unidad obrera y popular suficientemente fuerte. Superando enormes dificultades y provocaciones teledirigidas por los aparatos represivos de una burguesía monopolista que en 1904 con sólo 318 truts controlaba el 40% de la industria norteamericana. Pese a esto, en 1905 se creó el sindicato IWW o Trabajadores Industriales del Mundo, que fue objeto de una sistemática represión desde ese instante, como antes lo fueron quienes organizaron la huelga de 1886. 
Uno de los objetivos básicos de la represión fue romper esa unidad enfrentado a trabajadores con trabajadoras, a blancos con negros y latinos, a irlandeses con italianos, a los industriales con los de servicios, a fabriles con campesinos, y golpeándoles a todos con empresas privadas de represión como la Pinkerton y mafias sindicales, además de a la policía.
Como estos y otros medios no eran suficientes, la entrada de EEUU en 1917 en la guerra mundial justificó imponer muy severas represiones obreras y sindicales con la escusa de la «seguridad nacional». Más tarde, haría lo mismo desde 1942-45 en adelante para derrotar la oleada de reivindicaciones, y a partir de finales de 1960 de forma intermitente y en ascenso.
Si la lucha de 1886 sacó a la luz la unidad entre la represión económico-sindical a gran escala y la política contra las organizaciones trabajadoras, la experiencia hasta el presente no hace sino confirmarlo. 
También sucede lo mismo en Europa y en todo el capitalismo mundial, que no sólo en el imperialista. Precisamente, mientras que la burguesía obliga al Estado a abandonar su intervencionismo socioeconómico en todo lo relacionado con el bienestar público, le lleva a multiplicar su intervencionismo controlador, vigilante y represivo sobre las clases explotadas. 
La lucha sociosindical y política ha de aprender de esta experiencia mundial la decisiva importancia de unir en lo posible la conciencia política con la conciencia sociosindical, y dentro de esta unidad la importancia de la sistemática acción militante. 
El parlamentarismo y politiquerismo sin contenido político trabajador que luego haría estragos, como ya los estaba haciendo en la Europa de finales del siglo XIX, fue imponiéndose por varias razones específicas del capitalismo norteamericano que no podemos detallar ahora, pero entre las que destaca la facilidad con la que las patronales y la burguesía en su conjunto destrozaban una y otra vez las organizaciones obreras y sindicales con conciencia política radical, condenando al socialismo al ghetto universitario y frecuentemente ni a eso. 
En EEUU hay una vida político-radical rica, compleja y plural, y aumentan ahora las luchas obreras y populares, pero el Estado ha desarrollado un sistema tan efectivo de control y aislamiento atomizador preventivo, que es muy difícil avanzar en la unificación estratégica. También hay que tener muy en cuenta que la debilidad teórico-política de la izquierda por las derrotas sufridas refuerza el individualismo metodológico y ético-burgués imperialista que la clase dominante refuerza y readecua permanentemente.
Lo malo es que la clase dominante mundial tiene como ejemplo y modelo a seguir el yanqui, lo que se aprecia no sólo en Europa sino también en el Caribe y América del Sur y del Centro, y en el resto del mundo. Frente a esta ofensiva reaccionaria generalizada el movimiento obrero ha de recuperar los valores comunes de solidaridad, de ayuda mutua, de reconquista del tiempo propio y libre y de reducción del tiempo explotado, etc., que unieron al movimiento popular y obrero de EEUU de aquél 1º de mayo.
4.- TERCERA LECCIÓN:
Sin duda, la lección fundamental a extraer es la desesperada obsesión capitalista por «volver» a las formas de explotación imperantes en el pasado, y contra las que se levantó la clase trabajadora hermana de EEUU. Entrecomillamos «volver» para resaltar que en realidad se trata de ampliar, masificar y endurecer aquellas disciplinas, prohibiciones y castigos pero con los métodos actuales, infinitamente más sofisticados y perversos. 
El neoliberalismo mejora las tesis maltusianas y liberales extremas de la economía vulgar burguesa, llamada neoclásica, creada para oponerse al socialismo y derrotar al movimiento obrero de la época.
Ahora, la clases dominantes necesitan, por un lado, aumentar el desempleo y el paro permanente, el subempleo y la precarización extrema para aterrorizar a la clase trabajadora mundial, dividirla y enfrentarla con ella misma. 
Por otro lado, necesita aumentar el tiempo de trabajo explotado, que no sólo la intensidad de la explotación, es decir, necesita que la clase obrera  produzca más en cada hora de trabajo y que también trabaje más horas, sobre todo necesita mantener el salario igual pese al incremento de la explotación intensiva y extensiva, y si puede, busca incluso reducir el salario global a pesar de que la clase obrera aumente su productividad. Por esto, la patronal siente como un ataque insoportable a su misma esencia de clase todo intento de reducción del tiempo de trabajo explotado.
Exceptuando tibias y timoratas medidas cobardes por parte de algún Estado en la recuperación de derechos básicos  --el caso alemán visto--   como es la reducida sanidad pública instaurada por la Administración Obama, lo que se aplica es una política con cuatro constantes: austeridad, es decir, reducción de gastos sociales vitales, de salarios directos e indirectos, de pensiones y jubilaciones, de servicios colectivos, etc. Privatización, es decir, vender todo lo público, colectivo y común a la burguesía a precio de ganga, para que pueda aumentar la tasa media de beneficio aunque sea a costa del empobrecimiento popular. Flexibilidad, es decir, destrucción de derechos sociolaborales y democráticos, derechos políticos conquistados por el pueblo trabajador pero que dificultan los negocios burgueses. Y represión, es decir, amedrentar a las clases trabajadoras para que no se resistan y sobre todo no pasen a la ofensiva, para que malvivan en el miedo y en la obediencia acobardada.
Para combatir al monstruo capitalista de las cuatro cabezas   --austeridad, flexibilidad, privatización y represión--, el movimiento obrero ha de recuperar el vital internacionalismo consecuente de la II Internacional cuando en 1889 decretó día de lucha el 1º de Mayo en agradecimiento y en honor a la clase obrera de EEUU. Hoy más que entonces, debemos actualizar en la práctica aquella decisión porque hoy el capitalismo está definitivamente mundializado y cualquier lucha obrera y popular ha de unir su reivindicación territorial, regional y nacional, con su visión mundial. El movimiento obrero consciente yanqui así lo hizo protestando una vez y siempre contra las guerras imperialistas desatadas por «su» burguesía y saliendo en defensa de los pueblos atacados por ella.
El imperialismo activa todos sus medios militares, políticos, culturales, económicos… para aplicar su estrategia de explotación mundial en las mejores condiciones de superioridad global. Por esto, el internacionalismo trabajador y popular, socialista, es el componente interno que une todas las luchas de las clases y pueblos oprimidos contra el enemigo común, sabiendo que el libre desarrollo de cada nación trabajadora es la base del desarrollo de la humanidad en su conjunto. En América Latina, este internacionalismo consecuente debe materializarse en el apoyo práctico a las liberaciones de los pueblos, en las ayudas a sus gobiernos progresistas amenazados por el militarismo yanqui y sus exigencias de absorción y deglución económica, social, cultural y natural. Solamente así haremos honor a los héroes del 1º de Mayo de 1886.
Con el correr del tiempo la conmemoración del 1º de Mayo se transformó en el acontecimiento más masivo, unitario y globalizado del mundo entero.
Homenaje y compromiso que revela nuestro poder como clase cuando somos conscientes de nuestra fuerza y capaces de reconocernos como el sujeto organizado de un proyecto colectivo.


La perspectiva de este 1° de Mayo

Gabriel Solano (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)

Como ocurre desde hace años, la burocracia sindical de todos los pelajes ha decidido quedarse en casa el 1° de Mayo. Esto vale tanto para los que ‘juegan’ con el kirchnerismo, como para los que lo hacen con los Massa o Unen. En estas condiciones la organización de los actos del día internacional de los trabajadores, desde Santa Cruz a Jujuy, pasando por la Plaza de Mayo, quedará en manos exclusivamente de la izquierda y de los sectores combativos del movimiento obrero. Una mirada amplia debería concluir que estamos frente a un desplazamiento de fuerzas sociales y políticas, a veces lentas, otras más rápidas -ante una transición histórica-.
Fiasco, y van
Todo esto ocurre luego del parazo del 10 de abril. En lugar de avanzar por este camino, el trío de Moyano-Barrionuevo-Micheli, se ha embarcado en operaciones de distracción. La del 14 de mayo, de M y B, tiene como eje central la cuestión de la seguridad, en vez de defensa de derechos de los trabajadores tras el ajuste iniciado lo cual implica un cambio de agenda y el alineamiento con una política de refuerzo del Estado policial. Es el planteo de De Narváez, Massa, Scioli, Macri y Cobos. 
El frente burocrático que convocó al paro del 10 de abril ha decidido plegarse al debate del post-kirchnerismo. Micheli, por su lado, después de canjear los piquetes por una foto con M y B, volvió a las negociaciones con Binner de cara a las candidaturas de 2015. Los burócratas de la UTA y La Fraternidad sacan sus propias cuentas. Esto tampoco durará mucho, porque la devaluación de enero pasado supone un recorrido de tarifazos y crisis típicos de un Rodrigazo.
Despidos y suspensiones
La parálisis burocrática coincide, en efecto, con la extensión de la crisis capitalista a nuevos terrenos. Existe un retroceso significativo de la producción industrial y el consumo popular. De acuerdo con cifras oficiales la industria habría retrocedido un 6% respecto de marzo de 2013 y un 1,8% en relación con febrero. La caída del consumo en los supermercados es significativa. Las tasas de interés de las tarjetas de crédito superan ya el 70% anual.
Hay un crecimiento de las suspensiones y los despidos. La industria automotriz, niña mimada del modelo, ya anunció suspensiones en varias plantas y anticipa la posibilidad de despidos. Estudios privados sostienen que la Argentina podría añadir, a fin de año, un millón de nuevos desocupados. La reducción de aportes patronales, para atenuar una caída del empleo, es de puro cuño menemista, deflacionaria, como la que intentó De la Rúa de la mano de los que militaban en el Frepaso.
Lucha
Las suspensiones y despidos descargan la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. El parazo del 10 de abril, la huelga docente en la provincia de Buenos Aires y la que protagonizan desde hace 30 días los docentes salteños han impuesto, por el momento, un límite a esa pretensión. La contundencia de las primeras reacciones obreras obligaron al gobierno y a las patronales a cerrar paritarias, que, aunque insuficientes, estuvieron varios puntos por encima de la previsiones iniciales.
El valor de esta reacción obrera es que se ha dado cuando el gobierno ejecuta recién los primeros pasos del ajuste que tiene en carpeta. Todavía queda lo peor: un tarifazo mucho mayor en todos los servicios y en el transporte público, y una nueva devaluación que reduzca los salarios por debajo de la tasa de inflación y devaluación. En estas condiciones la aparición en escena de los despidos y suspensiones revela, por parte de las patronales, el intento de imponer un ajuste en regla valiéndose de una política de recesión económica. Pero para los trabajadores representa un desafío mayor, ya que se presenta la necesidad de combinar la defensa del salario y de las fuentes de trabajo.
El significado de la Plaza de Mayo
En este cuadro el acto en Plaza de Mayo y en todos los centros políticos del país convocado por sectores combativos del movimiento obrero se inscribe en la lucha por un nuevo paro de 36 horas, una huelga general y un Congreso de Bases del movimiento obrero.
El acto en Plaza de Mayo da una forma concreta, al menos hasta cierto punto, a la unidad del movimiento obrero. Ninguna lucha obrera es efectivamente consecuente si no se transforma en una lucha política, en una lucha contra quienes buscan que la crisis recaiga sobre la  espaldas de los trabajadores.